Humanidades. Desideratum

Manuel Bermúdez Vizquez | Córdoba www.diariocordoba.com 08/10/2006

La situación de la carrera de Humanidades en la Facultad de Filosofía y Letras de esta ciudad es muy delicada. Viejos males afectan a esta titulación desde el inicio de su andadura allá por el año 1995: disputas interdepartamentales por el reparto de créditos, falta de un plan claro para establecer los contenidos, la amenaza del vacío profesional una vez acabada la licenciatura, el menosprecio de la sociedad en general hacia sus titulados, etcétera.
Los pocos licenciados en Humanidades que ha dado esa santa casa de Filosofía y Letras han caído en la espiral de la falta de autoestima provocada por su situación en un contexto que no les entiende, no les quiere y parece que no les necesita. El problema es de tal calibre que, de no mediar un auténtico milagro, los otrora llamados a ser los estandartes del nuevo mundo de las letras van a acabar siendo los parias del mundo cultural y laboral. Queda muy poco margen de maniobra, de ahí que estas pocas líneas que siguen las quiero dedicar a la explicación de cómo funciona un verdadero plan de Humanidades en otro centros de otras ciudades que sí están logrando que sus titulados en Humanidades representen el nuevo ideal de hombre de letras formado en la excelencia y preparado para ocupar su lugar de responsabilidad en la sociedad.
Un programa de Humanidades, teniendo en cuenta los cinco años de licenciatura con los que se cuenta, debe consistir en:
1) Una intensa formación en los clásicos griegos y romanos, toda la literatura de ambas culturas y un poco de ambas lenguas, basta ya de llevarse las manos a la cabeza con la total ignorancia del griego y el latín que presentan todos los alumnos que llegan a la universidad.
2) Un conocimiento profundo de la Historia con mayúsculas: Historia Antigua, Medieval, Moderna, Contemporánea. El humanista debe ser consciente de lo que acontece y también de lo que aconteció.
3) La filosofía debe ser el alimento intelectual cotidiano del humanista. Este ha de conocer y haber leído con profusión todos los grandes pensadores de la historia que han ido moldeando con sus ideas este mundo en el que hoy nos movemos. La filosofía, junto con los clásicos griegos y latinos, es la piedra angular de todo el sistema de Humanidades.
4) Ninguna persona dedicada a las letras puede pasar por alto un conocimiento profundo de la literatura. España ofrece un patrimonio de las letras que ningún humanista puede soslayar. Hay que estudiar toda la literatura, desde el Cantar de Mío Cid.
5) Un humanista ha de saber el lugar que el ser humano ocupa en el mundo, debe poder manejarse en el espacio en el sentido de saber cómo es el mundo que lo rodea y cómo el ser humano rodea al mundo. Un poco de geografía es también imprescindible.
6) Los idiomas. Hay que hablar al menos inglés y algún otro idioma contemporáneo. La lengua de Shakespeare, auténtica koiné del mundo actual, debe ser dominada por un humanista que quiera ocupar el lugar que le corresponde. Y por último, pero no menos importante en absoluto, un humanista ha de saber escribir, pero sobre todo, sobre todas estas cosas, ha de saber leer, con lo que esto supone en su significado último.
Se podrá acusar a esta propuesta de excesivamente logocéntrica, de estar enfocada en la palabra, esa vieja poderosa que va cediendo terreno ante la imagen. Sin embargo, considero que es mi obligación el tratar de mantener el espacio que la palabra necesita. El humanista es una persona de palabras, no sólo de imágenes. El humanista sabe cosas que ha visto, pero, sobre todo, sabe cosas que ha leído. El humanista no es un artista, es un crítico que sabe cómo pasó algo, cómo pensaban sus protagonistas, dónde y cuándo ocurrió, por qué, y sabe cómo aplicar la enseñanza aprendida oportunamente en el mundo cambiante e inestable en el que vive. Así deberían ser las cosas. Son de muy distinta manera. Ofrezco sólo un desiderátum.

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