Violencia con fascinante estilo

Jorge Cámara www.laopinion.com 9/03/2007

‘300’ es una deslumbrante adaptación del relato de Frank Miller sobre una antigua batalla griega

Ver 300, la espectacular película de acción bélica que hoy se estrena como una determinada alegoría a la Guerra en Iraq —como por ahí se ha sugerido— es quizás buscar en ella designios que pueden ser o no premeditados.

Lo cierto es que la cinta recuenta la histórica batalla de las Termópilas que tuvo lugar en la antigua Grecia.

En el año 480 años a.C. el poderoso ejército del rey Xerxes de Persia invadió con trágicos resultados a Esparta, con el propósito de terminar lo que su padre, el rey Darío, comenzó.

A pesar de que el rey esparta Leonidas luchó con una fuerza de solamente 300 guerreros y fue finalmente derrotado, los estragos que causó en el ejército de Xerxes de cientos de miles de soldados, fueron incalculables.

Pero las intenciones de esta producción no son de manera alguna impartir lecciones históricas y mucho menos provocar controversia o discusiones políticas. Los únicos propósitos del filme son darle a un público juvenil masculino sediento de sangre y violencia lo que demanda, pero eso sí, con fascinante estilo.

Con un guión de Kurt Johnstad y Michael B. Gordon adaptado de la muy popular novela gráfica de Frank Miller del mismo título (inspirada en la película de 1962 The 300 Spartans, que el autor vio de niño), el director, Zack Snyder da aquí rienda suelta a su muy fértil imaginación. El resultado es una película que, utilizando los últimos adelantos de la tecnología cinematográfica deslumbra visualmente, pero que, para su detrimento, tiende a tomarse demasiado en serio.

Hace un par de años fue el director mexicoamericano, Robert Rodríguez, quien utilizó la misma técnica en Sin City, también una adaptación del trabajo de Frank Miller, pero fotografiada prácticamente en blanco y negro. Snyder la repite pero a todo color.

Y color no es lo único que Zack Snyder aporta a la historia. Ya habíamos sido testigos del indiscutible talento creativo del realizador en su producción previa, Dawn of the Dead, que en 2004 marcó su debut como director de cine. Pero aquí la discreción y sutileza se han echado determinantemente a un lado.

Aparte de una corta secuencia filmada en locación, la película fue en su totalidad rodada en interiores ante pantallas azules, con los efectos digitales añadidos posteriormente. Fue así como Snyder pudo reproducir con asombrosa fidelidad las fantásticas ilustraciones de Lynn Varley para el libro de Miller.

Un prólogo establece que en Esparta los niños son separados de sus familias a la edad de 7 años y entrenados a ser osados y bravos guerreros. Cuando el rey Leonidas (Gerard Butler, que tuvo a su cargo el papel titular de Phantom of the Opera) mata a los arrogantes mensajeros del ejército persa que solamente ofrecen rendimiento o muerte, sabe que un enfrentamiento con su poderoso enemigo es inevitable.

Para el encuentro, Leonidas escoge el cañón de las Termópilas, un estrecho pasaje entre los escarpados acantilados del Mar Adriático conocido como "las puertas del infierno", a donde marcha acompañado de solamente 300 de sus mejores reclutas y guardaespaldas.

Su oponente, el rey Xerxes (el actor brasileño, Rodrigo Santoro), trae consigo un ejército de 250 mil soldados, además de elefantes, rinocerontes, un cícople gigante y guardianes conocidos como "los inmortales" que parecen haberse escapado de la serie de películas Star Wars. Aquí no hay términos medios, los buenos son nobles y heroicos, y los malos desalmados villanos, tanto en apariencia y vestuario como en conducta.

La batalla es, por supuesto, la razón de ser del filme, y su ejecución es tan impresionante como violenta con brazos, piernas y cabezas volando por los aires entre ríos y cubetazos de sangre.

300 es, a fin de cuentas, una fantasía adolescente excesiva, grandiosa, machista, y —con cientos de extras semidesnudos— homoerótica. También es fácil ridiculizar la exagerada acción y los insistentemente cursis diálogos y actitudes de sus personajes. Pero lo que no se puede negar es que sus logros visuales son revolucionarios, ambiciosos e impactantes.

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