Roma sienta en el banquillo a Nerón y Tiberio

Roma | EFE 27/07/2007

Los emperadores romanos Nerón y Tiberio, dos controvertidos personajes históricos, son sometidos a juicio en la escenificación de sendos procesos con acusación, defensa, testigos y un jurado popular, en una vista oral celebrada entre las ruinas de los Foros Imperiales de Roma.

'Emperadores en el banquillo', es un espectáculo escrito por Corrado Augias y Vladimiro Polchi, a medio camino entre el juicio escenificado, el teatro y la clase de historia.

El emperador Nerón (37-68 dC), acusado del incendio de Roma, de las primeras persecuciones contra los cristianos, además de ordenar los asesinatos de su madre, esposa y hermanastro, fue absuelto en la primera noche de su proceso, seis de los jurados elegidos entre el publico, lo declararon inocente, otros cinco culpable.

Sin embargo, ante las protestas del público, unas 1.200 personas, fue condenado en votación a mano alzada, propuesta por el director del espectáculo, Giorgio Ferrara.

El jurado tuvo menos dudas con Tiberio (42 adC-37 dC), culpable para diez e inocente para tres, por las acusaciones de corrupción moral, homicidio y por su papel en la condena de Jesús.

Los procesos se desarrollan en la basílica de Massenzio, donde en el siglo IV se transfirió el 'Secretarium senatus', sede del tribunal para los procesos a miembros del Senado, que forma parte de las ruinas de los Foros Imperiales y a pocos pasos del Coliseo.

Una escenografía severa, con un escenario jalonado por siete columnas corintias y tres atriles, para los testigos, la acusación, Ugo Pagliani; y la defensa, interpretada por Jean Sorel, todos ellos vestidos de riguroso negro, contra un fondo de cielo borrascoso.

Durante hora y media se pasa revista, a través de los testigos, personajes históricos clave en la vida de los dos emperadores, a los hechos más relevantes vinculados con los cargos que se les imputan.

Corrado Augias, uno de los autores de la obra, explicó a EFE que la primera idea sobre estos juicios populares fue del alcalde de Roma, Walter Veltroni, quien le dijo que la vida de los emperadores era 'tan novelesca, tan llena de hechos y delitos, que valdría la pena contarla'.

Agripina, madre de Nerón, a quien califica como 'monstruo de ingratitud' y artífice de su llegada al poder; Mesalina, su joven esposa; su preceptor el español Séneca, quien asegura que intentó convertirle en el 'primer emperador filósofo' y su hermanastro Británico, son los testigos del juicio a Nerón.

Todos ellos desgranan entre las preguntas de la acusación y la defensa, entre replicas y enfrentamientos verbales, argumentos a favor y contra del emperador.

Para la acusación, que Nerón sea responsable de cuatro asesinatos es motivo suficiente para su condena, la defensa, sin embargo, lo considera un hombre adelantado a su tiempo, 'para el que Roma no estaba preparada' y con el que conoció un largo periodo de paz y desarrollo.

La vida de Tiberio no estuvo menos llena de episodios turbulentos, pues según las acusación implicó a adolescentes en 'la más descarada lujuria', se deshizo de sus adversarios con 'sanguinario cinismo' y sobre el que planea la 'sombra del Calvario' de Cristo.

Tiberio, que vivió largo tiempo en la isla de Capri era, según la defensa, un 'hombre clemente' y 'un gran soberano', que mantuvo la paz, durante cuyo mandato no falto el alimento para el pueblo e hizo respetar las leyes.

Su madre, la celosa Livia, y su mujer adúltera Julia, son testigos fundamentales, pero sobre todo un atormentado Poncio Pilatos, quién aseguró que no fue suya la decisión de condenar a Jesús tras lavarse las manos, y que en el proceso intentó convencer de que Tiberio estaba informado de todo.

En las escenificaciones de ambos juicios (el de Tiberio se puede ver hasta fin de mes), hay un 'intento pedagógico', explico Augias, porque 'una cosa es estudiar la historia en los libros de texto y otra ver, a través de los diálogos, como los mecanismos del poder son siempre los mismos, desde que el mundo es mundo'.

El autor explicó que las tramas han sido creadas sobre textos clásicos, desde Gaio Svetonio, a Tacito, Dionecasio y Tito Livio, que cuentan la historia de ambos emperadores.

Sin embargo, el juicio no acaba en el escenario, pues al final de la representación, los espectadores siguen discutiendo a la luz de la luna y a los pies de Coliseo sobre la inocencia o culpabilidad a los ojos de la historia de Nerón y Tiberio.

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