Un artículo de Fernando Lillo, portada del número de septiembre de 'Historia National Geographic'

www.historiang.com 01/09/2007
POMPEYA: LA VIDA JUNTO AL VESUBIO

Pompeya era una próspera colonia romana, habitada por mercaderes y artesanos y por patricios que se hicieron construir allí lujosas villas. La erupción del Vesubio en el año 79 la enterró en pocas horas bajo una capa de materiales volcánicos, una tragedia que en contrapartida ha permitido reconstruir la dinámica vida diaria de la ciudad.

Desde el siglo VIII al V a.C. Pompeya había pasado por varias dominaciones, principalmente, osca, griega y etrusca. En el 80 a.C. Sila conquistó la ciudad, que fue declarada colonia romana, gozando de gran autonomía. Pompeya se transformó en una ciudad animada y próspera, ya que contaba con un suelo propicio para la agricultura, una pujante actividad textil y diversas industrias, como la de salsa de pescado. Pero el 24 de agosto del año 79 d.C. el Vesubio entró en erupción y Pompeya, una ciudad de provincias del Imperio, quedó totalmente sepultada bajo la ceniza.

El viajero que, en el siglo I d.C., visitara Pompeya podría pasar junto a villas fastuosas como la de Diomedes o la de los Misterios —así llamada por sus extraordinarios frescos de contenido iniciático—, para luego caminar por la avenida de las tumbas antes de llegar a la puerta de la ciudad. Una vez dentro, el visitante podía alojarse en diferentes establecimientos, desde el hospitium de Aulio Cosio al hotel de Sitio, dependiendo de su capacidad económica. Al llegar al foro, centro económico, político y religioso de la ciudad, podía admirar el templo de Júpiter, con el Vesubio recortándose al fondo. Para disfrutar del ocio Pompeya contaba con un teatro, termas y anfiteatro; aunque tampoco faltaban las casas de juego, tabernas y burdeles.

Los espectáculos del anfiteatro se anunciaban por toda la ciudad por medio de carteles, destacando especialmente la lucha de gladiadores, que se combinaba con una cacería, una lucha de hombres contra animales que fue muy popular. Pompeya fue una ciudad efervescente que combinó de un modo admirable el trabajo y el placer, pero cuyo pulso se detuvo para siempre al quedar sepultada por la lava.


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