¿Acaso se equivocaron los romanos?

Gontzal Largo | Antalya (Turquía) www.elmundo.es 01/07/2008

Setecientos kilómetros al sur de Estambul y bañada por las aguas del Mediterráneo, esta desconocida región turca goza del secreto de la inmortalidad: playas, aguas de añil cegador y millones de piedras del pasado.

Varios miles de romanos no podían estar equivocados. No cuando aterrizaron en estos lares y decidieron levantar ora un teatro para 15.000 fervientes espectadores, ora estadios para otros tantos forofos, ora ciudades que aprovechaban las piedras y los muros que civilizaciones previas, cual hormigas, habían levantado siglos atrás. Sabían que estos dominios del sur de Anatolia, aparte de bellos, tenían un importantísimo valor estratégico: el Mare Nostrum, su Mare Nostrum, se desplegaba ante las costas de Antalya con un puñado de posibilidades comerciales, defensivas y guerrilleras que no podían rechazar. Y por eso llegaron, vieron, vencieron... y construyeron. Siglos después, marcharon y olvidaron bártulos, templos y mármoles que, hoy en día, pueden patearse y descubrirse como si hubieran sido abandonados anteayer.

Decíamos Antalya, decíamos una franja de tierra que recorre la región mediterránea de Turquía. Comprende más de 400 kilómetros de costa, desde los litorales orientales que miran de frente a la isla de Chipre hasta las playas que, ya en el poniente, vigilan el islote griego de Rodas. Lo decíamos porque el territorio es una de las principales huertas del país, como bien comprueban todos aquellos que aterrizan en el aeropuerto de Antalya, varado entre un mar de ordenados campos de cultivo e invernaderos. Decíamos Antalya, la región, y decimos Antalya, la capital, porque es a ambos flancos de ésta, oriente y occidente, donde se despliega el catálogo de playas, aguas turquesas, restos romanos, licios, helénicos o cualquiera que fuera la civilización, gloriosa o no, que holló todo esto. Emprendamos…

Aunque la llamada del Este es poderosa, la carretera que conduce, desde la capital, hacia al Sur nos absorbe gracias a las promesas que emergen de la región de Lycia y hablan de una ciudad sumergida, sepulcros flotantes, reliquias santas y necrópolis excavadas en roca. ¿Cómo resistirse a ello?

La carretera D400 es la pasarela que nos permite poner rumbo a Demre, nombre actual de la antigua Myra. A un lado del camino quedarán Kemer y sus kilométricas playas; Phaselis, que fue fundada por marineros de Rodas; y Finike, reconocible por los mástiles que emergen de su puerto deportivo. A partir de ahí, el litoral se torna pelado, árido y turrado por el sol del mediodía. El primer alto es en el puerto de Andriake donde se toman los barcos que parten rumbo a la isla de Kekova, la excursión marítima habitual y obligatoria. ¿La razón? Descubrir unos cimientos de época bizantina que se asoman al mar en el lado sur del islote: escaleras talladas en roca, siluetas de lo que, siglos atrás, fueron viviendas, muros huérfanos de techos…

Pero esta urbe golpeada por las traviesas olas del Mediterráneo está incompleta, le faltan varias extremidades que se encuentran en el fondo marino, como si fuera una Atlántida chiquita, modesta y turca. Hasta allí llegaron, tras un fuerte terremoto, creando un paraíso para los amantes del submarinismo arqueológico y un campo de sueños para todos aquellos a los que siempre les ha fascinado la estampa de una población devorada por la furia de las aguas.

Aquellos habitantes que sobrevivieron a la catástrofe marcharon a la localidad vecina de Simena, situada en tierra firme, justo enfrente, y recostada sobre la ladera de una montaña. En lo alto de ésta, una fortaleza nos susurra historias sobre el pasado guerrero, los ataques piratas y la problemática ocupación romana -los licios fueron un hueso muy duro de roer-, aunque la principal seña de identidad de Simena son los sarcófagos que salpican, aquí y allá, parcelas insospechadas del paisaje, como aquel que parece flotar entre las barquitas del muelle o los que coronan las colinas cercanas. La muerte era una cosa seria para los licios o, al menos, para aquellos que se podían permitir depositar los cuerpos de sus familiares en estos monolíticos sepulcros, tallados en roca.

Cuando el sueño de Kekova toca a su fin, Myra aguarda, en tierra, para consolarnos. Lo hará con la ayuda de la iglesia de San Nicolás, primoroso edificio bizantino del siglo VII en el que el santo ejerció su obispado, celebró misa y practicó una retahíla de milagros que la auparon al olimpo de los grandes beatos.

Pero si por algo ha trascendido este enclave es por su necrópolis rupestre, una obra impresionante en la que arte, muerte y naturaleza se dan la mano con grácil sencillez. La razón de ser de este camposanto vertical responde al carácter práctico de los licios: al morir, éstos creían que un ángel tomaría el alma del difunto y lo llevaría al Hades, de ahí que quisieran facilitarle la labor disponiendo a sus muertos en la ladera, preciosamente decorada, de una montaña. Myra es, ante todo, eso: un conjunto de pórticos, sepulcros, vericuetos y viviendas que han invadido la ladera sur de la montaña. El visitante ha de conformarse con apostarse ante este siniestro y bello anfiteatro y soñar con el aspecto que hubo de tener la Myra de los vivos, aquella que todavía hoy permanece bajo tierra.

PURA ROMA TURCA
Los romanos tampoco dieron nunca una puntada sin hilo y por eso utilizaron aquellos restos que todavía estaban en pie para levantar un teatro de dimensiones comedidas y aledaño al camposanto. Pero la verdadera cara latina de Antalya no se encuentra acá, sino allá, en el Oriente, a unos cincuenta kilómetros al este de la capital, siguiendo el curso de una perfecta línea recta, la misma que recorrió el tal Alejandro Magno, macedonio valiente, para añadir a su currículum los núcleos de Perge, Aspendos y Side. Dos son las cosas que se extrañan en el Perge actual. Una de ellas es el agua.

Paradójicamente, el líquido elemento brilla por su ausencia en lo que fue uno de los puertos de Anatolia más importantes de la antigüedad. El Mediterráneo no llegaba con sus garras hasta aquí, sino que era el río Aksu -escondido tras la colina de la Acrópolis- el que, caudaloso y rebosante, facilitaba la navegación y el tráfico de viajeros y mercancías.

La otra ausencia es más significativa aún: el templo de Artemisa, del que no se ha hallado ladrillo alguno y que, siglos antes de la venida de Cristo, ya había dotado de fama a la ciudad pues era un imán para peregrinos, regalos y riquezas diversas: una suerte de Santiago de Compostela helénico y pagano. El paso del tiempo lo borró, literalmente, del mapa, y este hecho ha traído de cabeza a historiadores y arqueólogos, aunque Perge -con templito o sin él- es un caramelo romano cuyo interior está relleno de varias sorpresas griegas. No es difícil imaginar el ajetreo comercial en la calle columnada -cuyas losas todavía guardan huellas de los carros que por allí pasaron-; el día a día en torno a ese ágora milimétricamente creado, de 76 por 76 metros; o las plácidas sesiones de termalismo que tenían lugar en los baños.

Más allá de este meollo urbano, emergen el teatro y el estadio, sutilmente alejados porque ayer, como hoy, era conveniente distanciar, en los días de partido, a las masas de las principales calles y foros. Fiel a la tradición -y practicidad- latina, el teatro fue levantado aprovechando las laderas de una colina y da fe del poderío de Perge al ser capaz de albergar más de 12.000 personas (en el graderío de Mérida, por ejemplo, caben 6.000 almas) que vibraron con representaciones teatrales y, también, algún que otro espectáculo de gladiadores, a falta de un recinto más adecuado. La D400 ya estaba esbozada en época de Alejandro Magno. No había quitamiedos, líneas discontinuas ni chiringuitos de venta de fruta fresca en las riberas, pero entonces ya existía un sendero primitivo que unía las grandes urbes, hoy en ruinas, de la ribera turca.

De camino al Este, el viajero se topará, quiera o no, con el acueducto de Aspendos, gloriosa obra de ingeniería. Aunque maltrecha, cariada y mutilada, la construcción sigue conservando el halo de grandeza del que le dotaron los romanos, como si fuera una serpiente cuyo cuerpo pedregoso no tuviera fin. Veinte siglos atrás, estas estructuras de medio punto tenían una utilidad vital: dotar de agua a Aspendos, metrópolis de importancia pareja a Perge que, ya en el siglo V antes de Cristo, era capaz de acuñar su propia moneda.

Aquellas partes de la ciudad que el tiempo no ha derretido como un azucarillo emergen a duras penas -el caso de la basílica- de las tierras bermellón que caracterizan esta parte de Antalya. Por ello, sorprende, y sorprende mucho, el glorioso estado de salud del teatro, levantado en el siglo II según los planos de un arquitecto de discreta fama, Zenon, que difícilmente imaginaría que su obra iba a devenir en uno de los escenarios clásicos mejor conservados del planeta.

Y no sólo eso: su milagrosa acústica, que proyecta los sonidos desde la escena hasta el infinito y más allá, también ha sido motivo de sincero elogio. Cuenta una leyenda, con mil y un visos de ser apócrifa, que fue ésta característica -prueben a tirar una moneda y lo descubrirán- la que motivó que el máximo mandatario permitiera a Zenon casarse con su deseada hija Belkiz: tal perfección merecía semejante recompensa.

Las razones de la durabilidad del edificio responden, en cambio, a cuestiones menos poéticas: en el siglo XIII, una avanzadilla de turcos seléucidas restauró y reconvirtió las estancias en una posada que, durante décadas, mantuvo vivo el lugar y alejó los espíritus del olvido y la destrucción.

LA SOLICITADA
Pero si existió un sitio por cuyos huesos -piedras, más bien- suspiraron los centuriones, ése fue Side, la más oriental de las ciudades antiguas de Antalya, situada a apenas una veintena de kilómetros de Aspendos. Si la cortejaron fue por su excelente situación, cabalgando una lengua de tierra que penetra sutilmente en el Mediterráneo, y por un puerto que los acólitos del César convirtieron en el mercado de esclavos más lucrativo de la época. A diferencia de sus otras hermanas, Side está viva, habitada, y goza de un rostro moderno y turístico, lo que ha posibilitado que las ruinas y guijarros del ayer convivan con las casitas y comercios turísticos del hoy.

Allí todo está mezclado, confundido y, a la vez, fundido: cuando uno arriba al lugar, lo hace por una carretera paralela a la antigua calle columnada levantada para dar rienda suelta al ocio y al negocio. No tarda en desembocar en las puertas de un teatro para cuya construcción los ingenieros prescindieron de montículos para apoyar el graderío. El edificio fue utilizado para el habitual abanico de divertimentos latinos, desde representaciones teatrales hasta socorridas luchas entre gladiadores, lo que no impidió que, siglos después, ese lugar manchado con sangre sirviera de improvisada basílica para la celebración de las primeras misas cristianas.

Mientras hubo romanos, hubo alegría en Side, de ahí que los monumentos que éstos levantaron estén desperdigados por toda la peninsulilla, formando parte de la rutina de la localidad, como el templo de Apolo o el ágora junto a la playa. De la ciudad se ha escrito muchísimo y se ha dicho otro tanto, por lo que no hay que creer todo lo que se oye. Por lo pronto, la historia local jura y perjura que fue en estas playas donde se bañó Cleopatra en ese viaje en el que ella y Marco Antonio sellaron destinos y amores. Puede que, sin saberlo, la egipcia y el latino fueran los primeros turistas que hollaran estos arenales. Puede...

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Guía

CÓMO LLEGAR
Turkish Airlines (Internet: www.thy.com) vuela a diario desde Madrid y Barcelona al aeropuerto internacional de Estambul Atatürk. Desde allí parten las conexiones con el aeropuerto de Antalya, a unos 700 kilómetros al sur.

DÓNDE DORMIR
Barceló Tat Beach & Golf Resort (en la localidad turística de Belek, a 35 kilómetros del aeropuerto de Antalya. www.barcelo.com o www.barceloturkey.com). Completo resort turístico con todo tipo de amenidades (buffets, restaurantes a la carta, centro comercial…) y excelentemente situado para conocer la zona. A destacar, su Spa & Wellness Center con hammam turco, masajes tailandeses…

DÓNDE COMER
Lara Subesi (Lara Caddesi, 349. Barinaklar. Antalya. Tfno: 0242 324 15 75)), Uno de los mejores restaurantes de cocina marinera de la ciudad. 7 Mehmet (Atatürk Kültür Parki, 333. Antalya. Tfno: 0242 238 52 00. www.7mehmet.com). Carta tradicional turca con más de 25 años de experiencia en un local sofisticado y moderno. China Garden (Konyaalti Caddesi Atatürk Kültür Parki Içi. Antalya. Tfno: 0242 248 78 35. www.chinagarden.com.tr). Comida asiática en una de las zonas de copas de la capital.

MÁS INFORMACIÓN
En la Oficina de Turismo de Turquía. Tfno.: 91 559 70. www.turismodeturquia.com.

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Imprescindible

1 Antalya, la capital. No hay que permitir que los árboles -las ruinas licias y romanas- impidan ver el bosque, esto es, Antalya, la ciudad sin inviernos. El epicentro comercial y social de la región es una urbe moderna y versátil cuyos atractivos turísticos se concentran en torno al puerto viejo de Kaleiçi y la parte antigua y amurallada que lo protege.

2 El reino de las estatuas. Existe una razón por la cual los yacimientos de Antalya carecen de efigies y esculturas: todas, o casi todas, se encuentran a salvo en el Museo Arqueológico de la capital. De ahí que la visita a sus salas sea obligatoria para conocer sepulturas de una perfección imposible como la de Heracles o estatuas de cuatro metros de altura como la de Alejandro Magno.

3 El turista devoto. En el corazón de Kale, junto a la iglesia de San Nicolás existe una tienda (www.stnicholas.ru) de más de 500 metros cuadrados especializada en un único producto: merchandising de San Nicolás, desde cuadros dorados a llaveros santificados, pasando por bustos, bolsitas con tierra bendita e imanes para la nevera.

4 El merendero turco. Aquellos que buceen en los confines orientales, entre las ruinas de Perge, Aspendos y Side han de hacer un alto en el camino en las cascadas de Manavgat. Se trata de unos austeros saltos de agua que, lejos de llamar la atención por su espectacularidad, invitan a la contemplación relajada y al ritual del té de manzana.

5 El 'souvenir' explícito. Príapo es el dios griego de la fertilidad y su iconografía rinde un sentido y fálico homenaje a esta característica. Dada su estrecha vinculación con la cultura turca, las tiendas de souvenirs de Antalya exponen un amplio repertorio de figuritas de Príapo en las que la divinidad muestra, sin tapujos, un pene -con perdón-de su misma estatura. Ideal para bromistas ilustrados.

6 Golf junto al mar. La localidad de Belek, a unos cincuenta kilómetros de la capital, aglutina gran parte de las atracciones turísticas de la zona. Un ejemplo de ello es el Tat Golf Belek, un sugerente campo de 27 hoyos con privilegiadas vistas al Mediterráneo y al río Besgöz. www.tatgolf.com.tr

7 Los benditos aperitivos. Uno de los puntos fuertes de la cocina turca son los mezes o aperitivos -tanto fríos como calientes- que se sirven como entrante. Algunas de las especialidades de Antalya que no hay que dejar pasar son las hojas de vino con diferentes rellenos y bañadas en aceite, las berenjenas fritas, el yogur aliñado con menta y ajo o la ensalada de habas.

8 Y entre horas... El simit es una sencilla rosquilla de pan cubierta de sésamo, habitual en desayunos y comidas a deshoras. En los últimos tiempos se han puesto de moda los locales que ofertan simits a la carta como el Mistir Simit, en Antalya, un local en la calle Cumhuriyet, junto al monumento de Atatürk, en el que los sirven rellenos de delicias saladas -queso, por ejemplo- o mermeladas dulces.

9 Playas que son paraísos. Al sur de la capital, en las costas que bordean Olympos, se encuentran algunos de los arenales más plácidos e idílicos de la región. Aguas azul turquesa, vegetación que llega hasta la misma playa y una ocupación turística menor que en otros puntos del golfo de Antalya. ¿Un secreto a voces? La playa de Cirali. 10 Antalya by night. Para conocer los entresijos de la noche turca y sus sorpresas en Antalya hay que dejarse caer en el restaurante-club Arma (www.clubarmat.com.tr), ambiente chic, DJs de renombre y un local con vistas al puerto viejo y a la bahía. Más rockero y con actuaciones en directo todos los día es otro famoso garito: el Jolly Joker (www.jj.com.tr).

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