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Un día en la vida de un romano

E. Sansigre | Segovia www.eladelantado.com 14/09/2008

Crónica de la cuarta edición de 'Segovia Romana'

Uno de los deseos fundamentales de estas jornadas sobre historia de la antigua civilización que conquistó la Península Ibérica es la de mostrar qué se ha heredado de ella. Muchos talleres de 'Segovia Romana' se centran en aspectos tan cotidianos como la comida, los juegos infantiles o los ritos religiosos.

Ricardo Cajigal, responsable de 'Jano, Reproducciones Históricas' montó dos puestos bien distintos: a un lado los niños disfrutaban de los juegos inventados por los jóvenes romanos como girar una rueda, subirse a unos zancos o jugar al 'tres en raya'. Cuenta que "juegos como el 'pilla-pilla' o el 'balón prisionero' ya formaba parte de los juegos de muchos niños latinos".

Al otro lado, compañeros suyos de la asociación montaban un auténtico campamento romano para que quien lo desease pudiese vivir un día como un legionario romano más. La asociación de Cajigal viene desde Cantabria y suele colaborar con museos y ferias históricas para construir y recrear escenas de este tipo.

En la terraza de Santa Columba, Fernando Montalvo del restaurante 'La Péntola', provocaba el hambre de muchos interesados por la cocina romana. "Ha sido complicado recrear algunos platos, pues las fuentes que tenemos no nos hablan de las cantidades de cada ingrediente" comentaba Montalvo, que también aprovechó para desmitificar que los romanos comiesen cosas exageradas como cerdo relleno de perdices y aportar otros datos sobre los romanos.

Sí que habló de la opulencia que tenían los latinos en sus banquetes para demostrar a los amigos su riqueza: "Preparaban algunos platos realmente incomibles, con diez especias, pero es que éstas eran las que hablaban del nivel de vida del anfitrión". También se explicó que estas comidas se acompañaban de vinos rebajados con agua salada y varios tipos de panes. Otro de los ingredientes especiales era la miel, pues se utilizaba como conservante para las carnes y luego dejaba una capa que daba un sabor especial al guiso.

Por su parte Julio César Arribas, artesano cantero de Segovia, se estrenó en estas jornadas tallando en piedra una estela romana y recordando así que fueron los canteros, con su martillo y su cincel, y no los reyes quienes construyeron los palacios, templos, puentes y murallas. La estela romana era una piedra esculpida en los monumentos funerarios, donde se cincelaban los datos y vida del difunto, incluso, a veces, se hacía un retrato.

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