Los vigilantes de la vía

Javier Prieto Gallego | Salamanca www.nortecastilla.es 06/11/2009

Un fortín romano y un puñado de miliarios en el sur salmantino.

Que la Vía de la Plata era una autopista -para su época- con todas las de la ley lo demuestra que hasta contaba con puestos de control. Todo lo que se movía por ella -soldados, mercancías, mensajes, personas...- debía estar bajo el conocimiento de la autoridad competente. Por eso esta autopista, que permitía viajar a la velocidad de la luz si se compara con los embarrados y tortuosos caminos peninsulares del momento, fue generando en torno a sí toda una infraestructura que, en el fondo, no es tan diferente de la que uno se encuentra en la A-6. Es decir: sitios para tomar algo, echar una cabezadita, repostar y, eso sí, en lugar de radares puestos a traición, garitos de mampostería para albergar a la tropa encargada de dar el alto a todo bulto sospechoso. Y, como los calamares, hechos a la romana: con la intención de durar dos mil años o los que hagan falta.

Y si, así como otras construcciones relacionadas con la Vía de la Plata son más de dominio público, no lo es tanto el fortín romano del que se sospecha tuvo esta función, ubicado en las proximidades de la localidad salmantina de La Calzada de Béjar. Ahí pervive, más por milagro que por otra cosa, el único ejemplo de un casa fuerte hecha por los romanos, que permanezca tal cual, sin que manos de siglos posteriores hayan aprovechado sus cimientos para levantar sobre ellos fortalezas medievales o birlado sus pedruscones para darles nueva utilidad. De todas formas y, hoy por hoy, este fortín es lo que es: cuatro paredes de mampostería que acotan un rectángulo de 29 por 27 metros sobre una superficie irregular, seguro que alterada por el paso de los milenios, y sin una techumbre que, según los expertos, debió de ser de madera a dos aguas. También queda el arco de entrada, en el que estuvo encajada la puerta, cuya bóveda de cañón recuerda la manera en la que los romanos hacían acueductos como el de Segovia. En cualquier caso, más que suficiente para quienes sientan placer en tocar con su mano retazos de un pasado legendario.

El comienzo del suave y corto paseo que aúpa hasta la ladera del monte del Picuruchu, desde donde los vigilantes de la Vía tenían visibilidad sobre unos 8 kilómetros de trazado, se localiza, señalizado, en la calle principal de la localidad de La Calzada de Béjar. Un callejón próximo al inicio del pueblo, si se llega desde Montemayor del Río, es el arranque también del camino que lleva hasta el depósito de agua de la localidad. Al alcanzar este es preciso tomar el senderín que se empina por su lado derecho, mucho más estrecho y escabroso que el camino ancho que continúa por el lado izquierdo. En realidad es un carril que corre entre las cortinas de los prados hasta que, 300 metros después surge por la derecha el desvío hasta el fortín, ya a la vista.

Tipismos
Por supuesto, esta excursión de calzadas y romanos ha de tener un alto destacado en la propia localidad, que además de en el topónimo tiene en su propio urbanismo, una larga calle llena de tipismo, la marca indeleble de su origen en torno a la vía romana. Después, merece mucho la pena el paseo, a pie o en bicicleta, que lleva en 8 kilómetros, sobre la traza de esta ruta ancestral, hasta la localidad de Valdelacasa, en uno de los tramos con más y mejores miliarios de todo el trazado. Uno de ellos, incluso con restos de inscripciones que el tiempo se ha encargado de ir desdibujando. A menudo estas inscripciones no eran otra cosa que propaganda del emperador que había financiado ese tramo de calzada. Algo mucho menos molesto y más elegante que llenarlo todo de carteles del Plan-E, o de la Junta, o de la institución de turno.

DE LA CALZADA DE BÉJAR A VALDELACASA
En marcha. A La Calzada de Béjar puede llegarse desde Béjar por la SA-515 tomada hacia Tamames.

El paseo. Entre La Calzada de Béjar y Valdelacasa puede realizarse el paseo señalizado con las balizas del GR-100 que corre por encima de la legendaria Vía de la Plata y entre las dehesas que alfombran la vega del río Sangusín. Este tramo de 8 kilómetros sin desniveles reúne alguno de los miliarios más notables de la Calzada. La salida de La Calzada de Béjar se realiza por la carretera hacia Béjar hasta la intersección con la SA-515. Una vez en ella hay que girar hacia Tamames 400 metros más hasta localizar el arranque de la pista de tierra que comunica con Valdelacasa, hasta donde se llega sin pérdida siguiendo la señalización.

Dormir. Tel. información institucional: 902 20 30 30.

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