«Entre los griegos nunca se representó la muerte, sólo se sugirió»

Juan Soriano / Mérida www.hoy.es 04/11/2005

Entrevista a Pilar González Serrano, profesora de Arqueología.

Como cada año, el Museo Nacional de Arte Romano ha programado unas actividades especiales con motivo del Día de Todos los Santos. La profesora Pilar González Serrano pronunció ayer 'El adiós a la vida en las estelas griegas', tras lo cual el Coro de la Capilla Gregoriana del Calvario ofreció un breve concierto.

-¿Qué tienen de particular las estelas griegas?

-Son una serie de losas con relieves que adornaron los cementerios griegos, sobre todo los atenienses, en el siglo V y IV a. C. Lo más hermoso de ellas, aparte de que están hechas por escultores de primera fila, es que nos permiten estudiar la sociedad ateniense, no solo en sus costumbres, sus muebles, sus vestidos, etc., sino también en su sensibilidad frente a la muerte. Entre los griegos nunca se representó la muerte, sólo se sugirió con estas escenas tan bonitas y tan tiernas. Recogen momentos muy precisos, como la despedida de una dama de sus joyas, de una niña de sus animalitos... Es una forma amable a través de la que una cultura como la griega, llena de espiritualidad, transfirió su idea de la muerte.

-¿Se heredó esa visión en el mundo romano?

-Cambia completamente. Ya en el mundo etrusco y en el romano es todo lo contrario, yo diría que es un desafío sarcástico ante la muerte. Se empiezan a representar los esqueletos, desafiando a la muerte y defendiendo la vida, lo que luego pasa a la cuenca occidental. Es casi como un juego, como pasa en la Edad Media. En general, toda la cuenca occidental coquetea con esta idea de la muerte, y de aquí la pasamos a América.

-¿De dónde procede esa idea de la muerte en el mundo griego?

-De un punto filosófico. Hay aforismos griegos como 'Lo mejor que puede pasarte es no nacer, y si naces, morir joven', o héroes para cuya madre pide lo mejor y los dioses les conceden la dormición... Es decir, hay una corriente filosófica de aceptación serena ante la muerte, y eso se plasma en las estelas de los grandes cementerios. Además, constituyen un capítulo muy concreto, porque llegaron a ser tan lujosas que en un momento de reacción democrática se dio la orden de prohibir esos excesos.

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