Sexo en el templo: ¿mito o realidad?

Matthias Schulz / DER SPIEGEL www.lanacion.cl 4/04/2010

¿Santas meretrices? ¿Templo sexual al servicio de Afrodita? Muchos autores de la antigüedad describen a la prostitución en términos drásticos. ¿Son los relatos nada más que leyendas? Hoy se busca el grano de verdad en los relatos eróticos que han sobrevivido por miles de años.

La más “horrible costumbre” en Babilonia, escribió Heródoto (de quien se cree vivió cerca de 490 a 425 a.C.), era la extendida práctica de la prostitución en el Templo de Ishtar. Una vez durante sus vidas, se requería a todas las mujeres del país para que fueran al templo y se “expusieran ante un extraño” a cambio de dinero. El historiador griego denunciaba que mujeres “ricas y altaneras” llegaban en “carruajes cubiertos”. Los persas del Mar Negro aparentemente se involucraban en actividades similarmente nefastas. Según el geógrafo griego Strabo, “hijas vírgenes” de apenas 12 años de edad se dedicaban a una prostitución de culto: “Tratan a sus amistades tan amistosamente que hasta los divierten”.

Hay muchos relatos como esos en la antigüedad clásica. Se cree que tribus desde Sicilia a Tebas practicaban perversas costumbres religiosas. Los judíos también se implicaban en esas prácticas. Hay cerca de una docena de pasajes en el Antiguo Testamento que giran en torno de qadeshes, una palabra para practicantes mujeres y hombres del culto. La Biblia les llama lemanes y catanitas. En el quinto libro de Moisés, a los prostitutos hombres se les prohibió donar su “dinero de perros” a la Casa de Jehová. Investigadores del siglo XX se adentraron en las referencias, que a menudo eran misteriosas. Pronto se consideró como un hecho que sacerdotes del mundo oriental realizaban desfloramientos forzados. Se dijo que había “prostitución por dote” y “cópulas sexuales en el sitio del culto”. El sexo en el templo, de acuerdo a la “Enciclopedia de Teología y la Iglesia”, era “una huella moral e higiénica de plaga en el cuerpo de las personas”.

Pero ¿es esto verdadero? Más y más académicos están ahora cuestionando las fábulas eróticas de los antiguos.

¿Por qué se exageraron los relatos eróticos?
Tablillas cuneiformes recientemente descubiertas trazan un cuadro más difuso y está quedando cada vez más claro que los académicos de décadas anteriores exageraron el tema. Por ejemplo, no hay una sola pieza de evidencia que demuestre que existió el ritual de la desfloración forzada.

Una fracción de investigadoras del género femenino toman un punto de vista más radical. Cuestionan de raíz la prostitución sagrada, calificando a todo el asunto como un montón de mentiras. Según un nuevo libro sobre el tema, todo comenzó cuando unos pocos escritores griegos enarbolaron en forma difamatoria las sucias costumbres de pueblos extranjeros como evidencia de su “condenación” moral.

En la Edad Moderna, escribe el autor, esta suciedad se convirtió en un “mito de investigación”. Julia Assante, académica estadounidense del Oriente antiguo y líder del movimiento, está convencida de que las putas sagradas no son más que producto de la “fantasía masculina”.

Pero para los académicos moderados, esta interpretación va demasiado lejos. A pesar de que cuestionan algunas de las exageradas opiniones del pasado, insisten en que el fenómeno existió y que hubo templos que operaban burdeles por el lado, otros en los que muchachas ejercían los oficios más altos del sacerdocio, antes incluso de su primera menstruación, y meretrices profesionales que donaban su propio dinero a los sitios del culto, tales como un sitio consagrado a la diosa Afrodita Porne.

Se está desarrollando un enconado debate en el que asiriólogas con inclinaciones feministas se enfrentan a profesores de la vieja escuela. Mientras las primeras denuncian consistentemente las teorías de la prostitución en el templo como nada más que mentiras, los últimos, citando la gramática sumeria, intentan defender su “perspectiva” supuestamente “patriarcal”.

Prostitución callejera
Hay, sin embargo, acuerdo sobre la existencia de una habitual prostitución callejera en los tiempos antiguos. Luciendo maquillajes chillones y túnicas amarillas, las putas de Atenas publicitaban sus encantos a los pies de la Acrópolis. “Muchachas flautistas” especiales ofrecían tocar sus flautas para sus clientes antes de concentrarse en el negocio. Las prostitutas callejeras de Roma cobraban cuatro acres (el equivalente a 10 euros ó 14 dólares actuales). Mesalina, una famosa muchacha de citas, se convirtió en emperatriz cuando se casó con el emperador Claudio.

La piadosa tierra de las pirámides ofrecía también placeres pecaminosos. Sus prostitutas frotaban ungüentos en los cuerpos de sus clientes. “Tu falo está en las mujeres Chenemet”, dice un antiguo papiro. “Un hombre puede copular mejor que un burro. Es sólo su bolso lo que lo contiene”. Mesopotamia era particularmente conocida por su moral relajada. Una prostituta llamada Shamhat (“La voluptuosa”, que aparece en la épica de Gilgamesh, excita al feroz Enkidu: “Ella soltó la ropa que le cubría sus partes inferiores, expuso su sexo y él tomó su voluptuosidad”. En el valle del Éufrates había pocas objeciones a la profesión. Una tablilla de arcilla cuenta la historia de una joven mujer que recibe a sus clientes en la casa de sus padres. Se le pagaba con la carne de un lechón.

La puta de Babilonia
Pero ¿qué ocurría en los sitios sagrados? ¿Qué pasaba tras los muros del Templo de Ishtar? Esta es una fuente de disputa entre los especialistas. El Oriente consagró enormes edificios a su diosa del sexo y el amor. Himnos la alababan como “Amas de las mujeres” con “encantos seductores”. “En labios es suave; la vida está en su boca”: puta de Babilonia.

El culto de Ishtar pronto se propagó hacia el norte, primero a Chipre, donde colonos griegos se pusieron en contacto con la diosa y la rebautizaron Afrodita. De acuerdo al mito griego, Afrodita ascendió desde una mancha sangrienta en el mar, donde el agua se tiñó de rojo y estaba llena de esperma. Era el lugar donde Cronos, gobernante de los titanes, había arrojado al mar los genitales amputados de su padre. La diosa, “nacida de la espuma”, nunca fue inocente, sino llena de lujuria y una orgía de los sentidos. En Uruk se celebraba en su honor un orgiástico festival tipo carnaval hace 5.000 años. Listas antiguas muestran que danzarinas y actrices trabajaban en el Templo de Ishtar. Sin embargo, no hay señales de que actos sexuales y ritos de fertilidad ocurrieran directamente en el altar, como afirmaron alguna vez los expertos. “No hay ninguna evidencia de ninguna clase de esas prácticas mágicas”, explica Gernot Wilhelm, orientalista de la Universidad Julis Maximilian de Würzburg, Alemania.

¿Inventó Heródoto esta historia de sexo obligatorio entre las mujeres de Babilonia? Las investigadoras de género así lo piensan. No obstante, hay probablemente más en esta historia de lo que captan los ojos. El templo de la diosa del sexo incluía también un culto personal especial, el “harimtu”, o “prostitutas”. Hace algún tiempo, Wilhelm descubrió un fascinante documento legal. Es de hace unos 3.000 años y relata de qué manera un hombre entregó su hija al Templo de Ishtar para servir como haritmu. De acuerdo al documento, el hombre quería un préstamo de los sacerdotes y estaba ofreciendo a su hija como garantía colateral. Pero ¿qué hacía exactamente la hija donada para sus nuevos empleadores? Wilhelm especula que la muchacha trabajaba como prostituta, “pero afuera del templo”. Como evidencia, el profesor cita al “Libro de Baruch” del Antiguo Testamento. Describe a prostitutas paradas “a lo largo de los senderos” entre las polvorientas casas de Babilonia. También ellas estaban asociadas a una organización sagrada.

Disputa académica
Los escépticos no aceptan nada de eso. Haritmu no significa prostituta, dice Assante, la especialista en estudios de género. Sostiene que los asiriólogos simplemente tradujeron incorrectamente la palabra durante 150 años. En cambio, dice Assante, la palabra se refiere a una “mujer soltera” que servía como oficial del culto y que no formaba parte del hogar de un hombre. Los adversarios de Assante se oponen a su interpretación, acusándola de transferir su propio estatus social a la era precristiana. Su reinterpretación de la palabra haritmu no tiene sentido semántico, dice el historiador económico Morris Silver, quien insiste en que haritmu designaba claramente a “prostitutas profesionales con conexiones de culto”, que ofrecían “servicio sexual” a nombre del templo. Los sacerdotes actuaban como cafiches y se quedaban con parte de las ganancias.

Estos burdeles sagrados también existieron probablemente en Grecia, específicamente, como creen académicos, en el Templo de Afrodita en Corinto. Estaba enclavado en un promontorio rocoso, a 575 metros sobre el mar.

Es indiscutible que la ciudad misma era un lugar bullicioso. Corinto era un centro de comercio marítimo, con cientos de barcos atracados en sus muelles. Las trabajadoras del sexo, vistiendo vaporosos vestidos y luciendo maquillajes chillones, se alineaban en los muelles para ofrecer sus encantos. Pero el templo de la diosa del amor, allá arriba, al borde del precipicio, parece haber sido también un nido de actividad sexual. “El Templo de Afrodita era tan rico, que poseía más de mil esclavas cortesanas del templo”, escribe Strabo. Miles de marineros y de capitanes de mar “hambrientos de sexo” trepaban hasta las alturas del templo, dice el académico británico Nigel Spivey.

Tanja Scheer, profesora de Historia Antigua de la Universidad alemana de Oldenburg, propone ahora una solución mejor: “Los relatos sobre un burdel sagrado en Corinto están todos basados en una oda de Píndaro”, explica. Píndaro escribe que un acaudalado campeón olímpico dedicó el templo a una dotación “conformada por cien” prostitutas en 464 a.C. Pero, como señala Scheer, es improbable que las prostitutas ejercieran directamente en el altar. En cambio, dice ella, el millonario atleta ofreció probablemente asistencia financiera al templo en forma de esclavas. “Los ingresos, por la venta de sus cuerpos, podían servir como fuente regular y permanente de entradas para el templo”. La teoría de Scheer es respaldada por el hecho de que el estadista ateniense Solón, quien estableció casas de placer en Atenas alrededor del año 590 a.C., impuso impuestos a las prostitutas. La ciudad usó los ingresos para construir un templo a la diosa del amor.

¿Abuso infantil?
Como lo revela un fragmento de una antigua comedia, muchachas muy jóvenes vivían aparentemente en el burdel. El texto describe a las “potrillas” de Afrodita haciendo fila desnudas y anota: “De ellas, constante y seguramente, puedes comprar tu placer por una pequeña moneda”. También es posible que las cosas fueran aún peores para las prostitutas infantiles en el mundo antiguo. Algunos académicos especulan que pudo haber sexo sagrado entre niños.

Una vez más la pista conduce a Babilonia y a su torre de 91 metros de altura con forma de pirámide, una de las maravillas de la antigüedad. De acuerdo con algunas fuentes, había un santuario en la cima de la torre que contenía una cama, donde una niña elegida dormía de noche, preparada constantemente para una “boda sagrada”, el acto sexual simbólico con el dios Marduk.

Mucho más lejos, en los principales templos de Tebas, en la tierra de los faraones, había una “consorte divina de Amun”. El sacerdocio lo ocupaba una “doncella de gran belleza y de la más ilustre familia”, escribe Strabo, “y ella se prostituye y cohabita con todos los hombres que desee hasta que se produce la limpieza natural de su cuerpo” (la menstruación).

¿Abuso infantil en el Nilo? Hay muchos indicios históricos que han conducido a especulaciones entre los académicos, especialmente ahora cuando un nuevo documento ha incrementado aún más el debate. Es un desgastado fragmento de un rollo egipcio que aborda también el tema de las jóvenes sacerdotisas. De acuerdo al texto, se les permite a las niñas trabajar en el templo hasta su primera menstruación. Después de eso, sin embargo, “son relevadas de sus deberes”.

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