El latín y el griego, ¿para qué sirven?

Juan Carlos Iglesias

www.elperiodicoextremadura.com
 26/11/2005

Extremadura, que necesita de forma imperiosa tomar el tren
de la modernidad, no puede dejar en el camino su propia historia y su rico
patrimonio, en donde el mundo antiguo tiene una importancia decisiva.

En los últimos meses viene sonando cada vez con más fuerza
el eco de una reforma educativa que puede afectar a un aspecto hasta ahora
incuestionable: la importancia de los estudios clásicos como referente directo
de nuestra lengua, pensamiento y cultura actuales. Todo ello ante la
indiferencia de nuestra sociedad, porque, se preguntan muchas personas, ¿en
realidad, para qué sirve esto del Latín y del Griego? Por ello, es hora de dar
algunas respuestas pensando en nuestra realidad más cercana.

En estos momentos en los que Extremadura necesita de forma
imperiosa tomar el tren de la modernidad, no puede dejar en el camino su propia
historia y su rico patrimonio, en donde el mundo antiguo tiene una importancia
decisiva. Si uno echa un vistazo a nuestro pasado más esplendoroso, se encuentra
con que Emerita Augusta fue una de las ciudades más importantes del Imperio
romano. La que es hoy capital de Extremadura, en sí misma, es uno de los
yacimientos arqueológicos más importantes de España. Ese pasado sigue presente
en Cáceres, como revelan las excavaciones del palacio de Mayorazgo, o sigue
siendo palpable en Medellín y en tantos otros lugares. De hecho, ahora que tanto
se habla de vertebración del territorio, si hay un factor que realmente vertebra
a toda la región, desde Regina hasta Cáparra, tal y como hacía la vieja Vía de
la Plata, es este pasado romano. De norte a sur, pero también de este a oeste,
ya que ese otro concepto tan utilizado por nuestros políticos, lo
transfronterizo, no puede dejar de lado los puntos de contacto con ciudades
portuguesas como Évora. En ese pasado común, la raya no existía, y ese es un
aspecto que, ahora más que nunca, debería ser explotado. Y si volvemos la vista
al Renacimiento, encontramos humanistas clásicos como Arias Montano o El
Brocense, dos de las figuras más importantes de la cultura del XVI, a los que
habría que unir toda una pléyade de humanistas injustamente olvidados, acaso por
ser extremeños. Por no hablar de los fondos antiguos de nuestras bibliotecas. Si
en el futuro encontramos otra biblioteca de Barcarrota con textos en latín,
¿tendremos que recurrir a expertos de otros países para traducir las obras
redescubiertas?

Todo ello pertenece a lo más granado de nuestro patrimonio
cultural y, por sí mismo, ya justificaría la vigencia de nuestros estudios. Sin
embargo, no hace falta acudir a estas figuras del pasado para defender el
presente de los estudios clásicos. Sólo hay que echar un vistazo al trabajo que
hoy en día se está realizando en el campo de las humanidades clásicas en
Extremadura para apreciar un esfuerzo difícil de encontrar en otros lugares.
Porque, si de productividad cultural hablamos, ¿en qué lugar hemos de situar el
Museo Nacional de Arte Romano de Mérida, institución puntera y que, con enorme
eficacia, difunde el conocimiento del pasado romano de nuestra región por todo
el mundo? O el fenómeno, cada vez más internacional, del Festival de Teatro
Clásico, convertido en la cita más importante de la escena estival en España,
con un enorme reclamo mediático y turístico. Su esencia, como demuestra todos
los años el Ciclo Ideas, desde la representación de una Antígona hasta la puesta
en escena del Prometeo de la Fura, bebe de las fuentes de ese mundo grecolatino
que otros denigran con ligereza. O qué valor puede darse a otros festivales más
modestos, como el de Teatro Juvenil Grecolatino, que se desarrolla en la
primavera, gracias al cual se concentran en Mérida miles de estudiantes de toda
España que, con sus profesores, suponen un importante aporte económico. Porque
si, poniéndonos materialistas, de dinero se ha de hablar, nuestros estudios
proporcionan ingresos nada desdeñables para nuestra región. Sólo la
investigación desarrollada en la Uex ha aportado a nuestra comunidad centenares
de miles de euros en proyectos de investigación I+D sobre el mundo clásico,
obtenidos en reñidas convocatorias, y que, además de contribuir al progreso del
conocimiento, han sido invertidos en la mejora de infraestructuras tecnológicas,
educativas y culturales. Este esfuerzo no sólo se da en la Universidad. Hoy en
día contamos con un cuerpo de profesores de Secundaria de una enorme
profesionalidad y de una admirable creatividad. De hecho, nuestros profesionales
(sí, esos del griego y del latín) son un referente nacional en el empleo de las
nuevas tecnologías. Programas y CD-Rom que han recibido premios nacionales, como
el realizado por el grupo Ars Docendi sobre La Romanización en Cáceres; páginas
web innovadoras, la creación de fuentes informáticas, como el premiado
Alphabetum de J. J. Marcos , o el aprovechamiento hasta sus últimas
consecuencias del Linex.

No quisiera que mis palabras fueran interpretadas como la
defensa de un localismo , (mi formación clásica me lleva en otra dirección),
sino como la necesaria valoración pública de una tarea callada de muchos
profesionales de la enseñanza secundaria y universitaria que, poco a poco, está
transformando aspectos esenciales de nuestro tejido cultural. No está de más
poner de manifiesto todo ello hoy que vivimos un momento de cambio, en el que lo
urgente puede llegar a imponerse sobre lo importante para la formación de los
ciudadanos. Ojalá todo ese esfuerzo no sea en vano.

Juan Carlos Iglesias es el Presidente de la Sociedad
Española de Estudios Clásicos (SEEC) de Extremadura.

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