Calzada romana de La Fuenfría


Alfredo Merino | Madrid www.elmundo.es 19/12/2010

La Comunidad de Madrid cumple este año 25 años de tutela, gestión y enseñanza del rico patrimonio histórico de la región. Para ello, la Dirección General de Patrimonio Histórico ha puesto en marcha una interesante iniciativa que pretende que los madrileños lo conozcan mejor, o simplemente, lo descubran durante las próximas navidades.

La calzada romana de la Fuenfría es uno de los más singulares entre todos ellos, pues a su indudable valor histórico e incluso arqueológico, se suman los naturales de los enclaves por los que se extiende: el valle de la Fuenfría, en la Sierra de Guadarrama, primer espacio natural madrileño destinado a convertirse algún día en parque nacional.

La Vía XXIV de Antonino, su nombre oficial, es una de las calzadas romanas más importantes de cuantas se conservan en la península Ibérica. Catalogada en 1981 Bien de Interés Cultural por el Gobierno madrileño, su recorrido es un agradable paseo. Nada difícil, tiene una longitud de once kilómetros, siempre por terreno tendido y señalizado.

Las actuales condiciones climatológicas, que han traído a la sierra madrileña temperaturas de muchos grados bajo cero, ayudan a la elección de esta marcha al discurrir por el fondo del protegido valle de La Fuenfría y abrigado por sus espesos pinares.

El Centro de Educación Ambiental Valle de la Fuenfría, donde ofrecen información de ésta y otras excursiones por la zona, es el mejor lugar para comenzar la marcha. Unos metros más arriba del mismo, surge un camino a la izquierda que rumbo Norte, discurre más o menos paralelo a la carretera.

En una zona donde el pinar se aclara aparece el primer tramo de la calzada. Perfectamente rehabilitado no alcanza los cien metros, pero da una idea precisa de como eran aquellas vías trazadas hace dos mil años para comunicar de un extremo a otro todo el Imperio Romano. Ésta que nos ocupa se construyó en el siglo I de nuestra era con el fin de unir Segovia con las poblaciones importantes del sur de la sierra, como Titulcia.

Trazado recuperado en 2009
Los ingenieros romanos eligieron para cruzar el Guadarrama el puerto más bajo y protegido: La Fuenfría. Tras su paso, el camino siguió utilizándose como ruta habitual para atravesar esta parte de la montaña hasta la construcción de la carretera del puerto de Navacerrada diecinueve siglos más tarde.

En tiempos recientes se procedió a su redescubrimiento y parcial rehabilitación. Aunque sólo ha sido tras los últimos trabajos concluidos en 2009, cuando se ha podido conocer con la mayor precisión cuál era exactamente el trazado original romano. Así se ha determinado que algunas partes hasta entonces consideradas le pertenecían en realidad forman parte de caminos, que la invadieron y enmascararon.

Lo hizo sobre todos los demás la llamada calzada borbónica, construida en el siglo XVIII en este mismo valle para comunicar Madrid con el Real Sitio de La Granja, lugar donde la monarquía española pasaba los veranos. La recuperación de su trazado original ha sido señalizada con abundante cartelería explicativa así como con grandes balizas metálicas que señalan su rumbo.

Esta invasión hizo que se perdiera la vía romana que en muchas partes prácticamente ha desaparecido, bien por haber sido retirado su material, bien por la erosión y la acción del manto vegetal. Por eso en esta descripción, algunos de sus tramos han sido cambiados por otros paralelos más sencillos de recorrer.

Unos trescientos metros antes de alcanzar el aparcamiento de Casa Cirilo y en suave cuesta arriba, el camino empalma con la carretera. Por ella sigue hasta su final, en el paraje de Majavilán, donde una doble barrera cierra el paso de los vehículos. Detrás del segundo empieza el tramo donde mejor se observa como era el enlosado primitivo. Por el mismo se alcanza el Puente del Descalzo, continuando más arriba hasta alcanzar una portillera.

A partir de este punto, la calzada gira a la derecha, Este, aunque lo habitual es continuar el siguiente trecho de frente por la calzada borbónica, más directo y simple de seguir. Muestra este tramo las arrugas y cicatrices del tiempo. Levantada y horadada por las raíces de los grandes pinos silvestres, la superficie de este tramo resulta bastante torturada, debiendo caminar con cuidado.

Se desarrolla la calzada por mitad de la ladera, teniendo a mano izquierda el barranco del arroyo de la Fuenfría, que nace en el puerto del mismo nombre, destino final de la marcha de hoy.

No se tarda demasiado en alcanzar la amplia pradera de Los Corralillos a cuya entrada, a mano derecha y junto a la calzada, se localiza un sencillo monumento en memoria de los hermanos Ceballos, importantes botánicos de la historia de la Sierra de Guadarrama. De inmediato se pasa ante un enorme cartelón de madera en la que aparecen talladas las principales rutas del valle.

En este punto vuelven a coincidir la calzada borbónica, cuyo último tramo hemos seguido, con la romana, que viene del vallejo de la Navazuela situado a mano derecha. Unos metros más adelante atravesar una pista importante que marcha dirección Oeste-Este. Es la llamada carretera de La República, proyecto al que afortunadamente la Guerra Civil y su final impidió ser concluida y que pretendía asfaltar dicha ruta para alcanzar Segovia por el puerto de La Fuenfría.

Camino de Santiago madrileño
El siguiente tramo lo señalan visibles flechas amarillas del Camino de Santiago madrileño que siguen este rumbo para cruzar el Guadarrama. Es una parte de suelo descarnado, estando invadida toda la plataforma por abundante vegetación que ha destrozado el piso.

Algo más adelante se alcanza el puente de Enmedio. Sigue el camino en suave ascensión, ahora con dirección Este hasta una cerrada curva a mano izquierda. En este punto carteles e indicaciones señalan el trazado de la calzada romana que se separa del camino principal, realizado en tiempo de los Borbones y que hasta la última recuperación arqueológica se pensaba que era la calzada romana.

Algo por debajo, en una de las características comunes a todos los caminos romanos, que evitaban superar pendientes con inclinaciones superiores al 8 por ciento. Esta característica ha sido decisiva para encontrar el verdadero trazado de la Vía XXIV que, ahora se sabe, da más vueltas que la calzada borbónica.

Los oxidados postes metálicos y los didácticos paneles esparcidos a lo largo de la ruta indican y documentan a los excursionistas que algo más arriba vuelven a cruzarse con la calzada borbónica que sigue de frente hacia el cercano puerto de Fuenfría.

En este punto y para evitar pérdidas se han instalado sendas placas metálicas clavadas en el suelo señalando el rumbo de la calzada romana. Sigue ésta dirección Sudeste hasta situarse por encima de la borbónica. Allí da un nuevo giro y ya sin más rodeos alcanza el puerto de La Fuenfría llevando la calzada borbónica a mano derecha. Para simplificar las cosas, el regreso puede realizarse por la calzada borbónica que, esa sí, tiene perfectamente definido su tránsito entre los pinares de La Fuenfría.

DATOS BÁSICOS:
Situación. Valle de La Fuenfría, Cercedilla.
Cómo llegar. Desde Madrid, por la A-6 hasta Guadarrama. Continuar por la M-622 hasta Cercedilla. Entrar a la población por el túnel bajo el ferrocaril, en las cercanías de la estación.
Distancia. 60 kilómetros desde Madrid.
Accesos. En Cercedilla y cien metros enfrente de la estación se inicia la carretera de las Dehesas. Seguirla hasta el kilómetro 2 donde está el Centro Valle de La Fuenfría, donde comienza la marcha.
Recorrido. Ruta lineal con salida y llegada en el mismo punto.
Información. Centro de Educación Valle de La Fuenfría. Tel: 918 522 213 y www.pueblos-net.com/cercedilla.

FICHA:
Tiempo: Entre tres y cuatro, el recorrido ida y vuelta.
Longitud: 11 kilómetros ida y vuelta.
Desnivel: 560 metros. (Centro de Educación Ambiental, 1.230 metros. Puerto de La Fuenfría, 1.790 metros).
Dificultad: Fácil, aunque debe prestarse especial atención a las condiciones meteorológicas.
Material: Botas de montaña, bastones y ropa de abrigo.
Recomendaciones: Evitar con lluvia y tiempo inestable. Cuidado con la presencia ocasional de placas de hielo.

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