El abogado Marco Molines exigirá la ejecución de la sentencia del Teatro Romano


Marina Costa | Valencia www.lasprovincias.es 15/01/2011

El letrado presentará la reclamación la próxima semana después de enviar una carta a Camps que no ha obtenido respuesta.

El abogado e impulsor de la aletargada batalla judicial sobre el Teatro Romano de Sagunto está a punto de despertarla de nuevo. La próxima semana Juan Marco Molines pedirá la ejecución forzosa de la sentencia del Tribunal Supremo (TS) que obligaba a revertir las obras de rehabilitación realizadas en el conjunto por los arquitectos Grassi y Portaceli en los años noventa.

El litigio judicial más largo y polémico en torno a un Monumento Nacional puede despejar muy pronto su principal incógnita: resolver si el conjunto volverá o no a su estado original. El mentor del proceso está a punto de lanzar su último órdago después de dos décadas de sentencias, informes contradictorios y enfrentamientos políticos.

Molines remitió el pasado 18 de noviembre una carta al presidente de la Generalitat, Francisco Camps, a la que ha tenido acceso este diario. En esta misiva le recuerda que el asunto «se paralizó y sigue paralizado» y lamenta que tenga que «exigir a nuestro Gobierno Autonómico la ejecución forzosa de la sentencia por vía legal».

Acciones «delictivas»
También tiene palabras para la consellera de Cultura, Trini Miró, que «no sólo no intentó continuar tan importante gestión y, además, realizó e hizo realizar una serie de acciones que, a mi juicio, no sólo eran totalmente equivocadas sino, me atrevería a decir, delictivas».

Sin embargo, la petición de una reunión no ha obtenido respuesta. Este «ultimátum elegante» ha caído en saco roto. «Así que el lunes me pondré a trabajar para presentar durante la semana la solicitud de ejecución forzosa al Tribunal Supremo. No podrán decir que el asunto les ha pillado por sorpresa, desde luego», subraya Molines. El abogado piensa que todavía «no se creen que vaya a llegar hasta el final de este asunto y lo voy a hacer, con todas sus consecuencias, aunque me cueste trabajo y dinero. Tengo tres sentencias a favor, dos del Supremo y una del Tribunal Superior de Justicia», asevera. El Supremo resolvió en su día que se retirara el mármol de la cávea y se redujera el muro frontal de la escena, a una cota de 1,20 metros de altura, para revertir la obra.

Pero el 19 de octubre de 2009 el tribunal abordaba un «expediente de inejecución de sentencia» presentado por la Generalitat Valenciana, argumentando que existía «imposibilidad legal y material» para hacerlo. La solicitud vino acompañada de un expediente para legalizar la intervención porque, con la actual ley de Patrimonio, la rehabilitación de Grassi y Portaceli se habría ajustado a derecho.

El argumento fue validado por el Tribunal Superior de Justicia que reconocía la imposibilidad legal, aunque no valoraba la imposibilidad técnica de cumplir con el dictamen del Supremo. Fue entonces cuando el departamento de Miró justificó la «inejecución de la sentencia» con que la retirada de las placas de mármol, la eliminación de las cubiertas y la reducción del muro del escenario, el Teatro Romano no lograría recuperar «el estado original».

No cabe réplica
Sin embargo, todo este monumental galimatías judicial no amilanó a Molines, que ha seguido reclamando hasta la fecha que no cabe otra salida que la ejecución forzosa de la sentencia del Supremo.

El Consell «pondrá todas las trabas posibles y podría pedir que no se ejecute el fallo pero legalmente no puede hacerlo porque es firme y no cabe réplica alguna».

«Es absurdo que precisamente el PP sea ahora quien tenga que ejecutar la resolución pero estoy convencido de que las obras se llevarán a cabo», destaca. Tan claro lo tiene Marco Molines que establece posibles plazos. «El estudio para la reversión ya está realizado, es posible, y aunque el tiempo de comienzo de las obras dependa de las trabas que ponga la Generalitat, la sentencia podría estar cumplida en un lapso de tiempo de dos años como mucho».

El abogado sabe que este pulso le ha generado «muchos enemigos» pero no tira la toalla. El proceso que ha catapultado a este monumento del siglo I d. C. a lo más alto de la escena judicial escribirá en breve otra de sus páginas más intensas.

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