El Burgos romano. La huella de Roma en la provincia

R. Pérez Barredo | Burgos www.diariodeburgos.es 11/04/2011

En los últimos tiempos ha cobrado especial relevancia el yacimiento de Arce Mirapérez.

El fulgor de Clunia, la ciudad romana que llegó a ser capital del Imperio de la mano de Servio Sulpicio Galba, suele resultar tan deslumbrante que apenas se vincula ningún otro emplazamiento de Burgos con la impronta de Roma. Sin embargo, el reciente hallazgo de una necrópolis del siglo III en Buniel ha vuelto a poner de relieve que no es Clunia todo lo que reluce. Que la provincia está salpicada de asentamientos, castros, villas, yacimientos, en fin, que denotan la presencia importante de Roma en la meseta castellana. Así, existen en Burgos doscientos emplazamientos con vestigios romanos según recoge David Pradales en su obra La romanización de la meseta del norte. Burgos. Clunia. Sasamón (Segisamo), Tardajos (Deobrigula), Roa (Rauda), Briviesca (Virovesca) o Arce-Mirapérez (Deóbriga), cerca de Miranda, son sólo algunas de las localizaciones más importantes.

No son restos aparecidos al azar. Ingenieros de primera línea, los romanos establecieron en cada territorio ocupado un entramado de vías impresionante. De norte a sur y de este a oeste, todo estaba comunicado. En la provincia de Burgos existieron tres vías principales que a su vez se ramificaban en otras de menor entidad: es a lo largo de estos tramos donde se han hallado los restos. Una de las calzadas principales fue la Italia-Hispania, también llamada Vía del Oro, que discurría por la provincia atravesando las localidades de Cerezo de Riotirón (Segisamunculum), Briviesca (Virovesca), Alto de Monasterio de Rodilla (Tritium), Tardajos (Deobrigula) y Sasamón (Segisamone). Unía Tarragona (Tarraco) con León (Legio VII) y vertebró la península de este a oeste. Por ella discurrían, procedentes de las minas de oro de León, los cargamentos del preciado metal rumbo a la capial del Imperio. Fue, además, una vía estratégica también militarmente.

Una segunda ruta de las consideradas principales fue la Ab Asturica Tarracone, (Astorga-Tarragona), cuyo tramo por la provincia coincidía con la Asturica Burdigalam (Astorga-Burdeos y siglos más tarde conocida como Vía Aquitania); restos de su existencia se han hallado en Villímar, Briviesca y Villanueva de Argaño. Una tercera vía de entidad fue la Ab Asturica per Cantabria Caesaraugusta, que unía Clunia con las provincias del norte.

Como explica en su obra Pradales Ciprés, la pauta de los asentamientos obedecía a tres circunstancias: la señalada de las vías, la proximidad de ciudades y los cauces fluviales, esto es, los ríos. Diferencia el autor de La romanización de la meseta del norte distintas áreas preferentes de ocupación real. Una, con el epicentro de Clunia, en el sur de de la provincia y en torno al valle del Duero: Vadocondes, Santibáñez del Val. Gumiel de Izán, Baños de Valdearados o Lerma, entre otros. Otra, en la zona central, valles del Arlanza y del Arlanzón: Villadiego, Sasamón. Castrojeriz, Tardajos, Burgos, Villímar, Cotar... Una tercera en la actual comarca de La Bureba: Briviesca, Los Barrios, La Vid, Miraveche, Oña... Y una cuarta zona, en el norte, de Sedano a Villarcayo, de Losa Cuesta-Urria, de Tobalina al septentrional Valle de Mena.

Los yacimientos
Clunia es la joya de la corona de los vestigios romanos de la provincia. Con casi cien hectáreas de extensión, de esta fenomenal ciudad apenas se conoce un 10 por ciento. Pero lo suficiente para hacerse una idea del esplendor que ostentó en su época de mayor apogeo. Ahí están, como vestigios de todo ello, el teatro, las casas con mosaicos, parte del foro, esculturas, monedas y cerámicas. No muy lejos de allí, en Baños de Valdearados, hay restos muy bien conservados de una villa. Destaca, por encima de todos, un mosaico de grandes dimensiones que representa a Baco, el dios romano del vino. En los últimos años ha cobrado un relieve especial por el gran trabajo realizado por los arqueólogos el yacimiento de Arce-Mirapérez, junto a Miranda de Ebro: una ciudad romana de 26 hectáreas de la que hay restos de calles, pilares y murallas.

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