Pompeya, tesoro arqueológico de la humanidad

Fresco pompeyanowww.terra.com 07/12/2005

La erupción del volcán Vesubio en el año 79 después de Cristo la sepultó por completo. Hoy sus ruinas muestran calles con huellas de carruajes, inscripciones en pisos, solares y varias edificaciones en pie.

Para visitar a Pompeya, uno de los destinos arqueológicos más importantes del mundo, tuvimos que viajar a Nápoles, otro centro monumental en el sur de Italia y capital de la región de Campania, situada en pleno Golfo de Nápoles, a 219 kilómetros de Roma.

Orgullosos nos muestran de inmediato su Museo Arqueológico, donde se encuentran los tesoros más valiosos hallados en Pompeya y Herculano, tras numerosos años de excavaciones hechas en 44 de las 67 hectáreas que ocupaba por esa época la ciudad.

La fatal erupción del volcán Vesubio, el 24 de Agosto del 79 después de Cristo, sepultó por completo a Pompeya, con una densa lluvia de casquijos de lava, tal como lo afirma en sus dos cartas a Tácito el famoso naturalista Cayo Plinio Segundo, o Plinio el joven, quien vio morir a su tío Plinio El viejo con su tripulación de la flota romana del Miseno, por las emanaciones tóxicas del volcán.

Pompeya había surgido en una ladera de lava, a 25 kilómetros de Nápoles, e inicia su desarrollo urbano en torno al área del foro, punto de encuentro de importantes vías comerciales, convirtiéndola en un gran centro de enlace del tráfico hacia el interior, dada su posición en la desembocadura del río Sarno.

Hasta mediados del Siglo V antes de Cristo, la ciudad conoció un claro dominio político de parte de los etruscos, cuya presencia se detecta por el descubrimiento de una búcaro con inscripciones en esa lengua; y en el Siglo VI se descubre la influencia cultural de los griegos en las terracotas que decoraban el templo de Apolo.

La presencia de Roma se da luego de su intervención en las guerras entre los Samnitas ya urbanizados y grupos procedentes de las zonas montañosas.

El arte del retrato aparece después de la fundación de la colonia Silana, inicialmente con sentido funerario y honorífico, y luego con la llegada del imperio, con la representación de los miembros de la familia.

Un excelente guía español, Roberto Azcano De Graef, nos orientó en la visita a las ruinas de Pompeya a las que ingresamos por la Puerta Marina para conocer gran parte del complejo de las excavaciones, por cuanto existen recorridos de dos, tres y cuatro horas, según el tiempo disponible.

Mientras degustamos el delicioso Limonchelo, avanzamos por calles perfectamente delimitadas con huellas de los carruajes, inscripciones en los pisos, solares numerados, alineados y numerosas edificaciones en pie.

En sus esculturas se nota un carácter decorativo, de fiesta, político y religioso como las halladas en el templo de Júpiter, talladas en mármol, toba, piedra calcárea, terracota y bronce.

Los arqueólogos rescataron hermosos mosaicos, esculturas decorativas y diversos objetos de culto en grandes casas utilizadas por la aristocracia romana que tenía a Pompeya como lugar de recreo, lo que muestra la casa del banquero Cecilio Giocondo y la de los Vetti, en cuyo atrio estaban dos grandes cajas de caudales y en sus paredes, famosos frescos como el de Hércules y las serpientes.

En esta ciudad, declarada patrimonio histórico de la Humanidad por la Unesco, conocimos los restos de la Basílica, donde tenía lugar la administración de justicia y los encuentros de negocios, por lo que ejercía una función de primer plano en la vida civil y comercial de Pompeya; el Antiquarium, fundado en 1861 y en el que se conservan materiales relacionados con las diversas etapas de la vida de la ciudad, como la fase prehistórica; los templos de Apolo, Vespasiano, Júpiter e Isis; el Teatro grande, el Odeion, el cuartel de los Gladiadores, el foro, el anfiteatro, la necrópolis de puerta Nocera, el huerto de los fugitivos, la casa de las bodas de plata y la famosa casa de los amorcillos dorados que perteneció a Gneo Popeo bito, emparentado con Popea, esposa del emperador Nerón. Y lo más impresionante, las figuras de personas que murieron en el lugar, sepultadas por la lava.

El Foro Olitorio se encuentra convertido hoy en depósito de objetos arqueológicos hallados en las excavaciones: ánforas y cerámicas de uso cotidiano, capiteles, calcos de víctimas de la erupción y un mulero que, encogido, se lleva las manos a la cara para tratar de protegerse de las exhalaciones venenosas del volcán.

Nuestro paseo por las ruinas de Pompeya concluyó en la famosa Vía de la Abundancia, una de las principales arterias de la ciudad, con sus tiendas que enarbolaban carteles para atraer a los clientes con variadas actividades: lavanderías, tintorerías, talleres de fieltro y herrerías.

Si usted quiere subir a la cumbre del volcán Vesubio, de 1.270 metros, debe comprar un boleto en Nápoles y utilizar el funicular para observar una hermosa panorámica de la bahía y las ruinas de Pompeya, y luego saborear una famosa pizza napolitana.

Archivado en: