Intriga con cine, gastronomía y latín


Juan Ignacio Novak www.ellitoral.com 11/02/2012

Horacio Marshall es Profesor de Letras, locutor, escritor de guiones televisivos y autor de una novela.

Con amplia trayectoria como guionista de televisión, el escritor santafesino Horacio Marshall publicó en 2011 su primera novela. “Enigma para famélicos” es un complejo policial centrado en la desaparición de dos niños de un acaudalado matrimonio de Palermo Hollywood.

Horacio Marshall nació en María Juana, pequeña localidad ubicada 100 kilómetros al oeste de Santa Fe, pero hace casi 30 años que vive en Buenos Aires. Si bien es profesor de Letras y locutor, lleva 15 años entregado de lleno a la escritura de guiones televisivos. Su nombre aparece detrás de novelas de gran repercusión de la última década. “Resistiré”, la exitosa tira que protagonizaron Pablo Echarri y Celeste Cid en 2003; “El auténtico Rodrigo Leal” y “Patito feo”.

El año pasado logró dar a luz un proyecto largamente germinado: “Enigma para famélicos”, novela que combina referencias al cine, la gastronomía, el latín y la mitología griega en una densa trama policial que involucra a un atormentado detective y a un acomodado matrimonio de clase alta. Aunque no todo es lo que parece.

El propio autor reconoce la influencia de escritores tan variados como Jorge Luis Borges, Stephen King y Agatha Christie. Sostiene que el imperativo de la televisión determinó la forma de encarar la estructura de su novela. Y que tiene la tentación de retomar algunos de sus personajes en futuros trabajos.

- ¿Cómo se originó la idea de escribir “Enigma para famélicos”?
- Desde la primera vez que leí a Heródoto, allá por los años ‘80 cuando cursaba Letras, la historia de Hárpago me pareció sumamente interesante como disparador de una novela de suspenso. Aunque escrita hace siglos, es un excelente ejemplo de novela policial. Luego se fueron sumando elementos de manera casi involuntaria: las películas de temática gastronómica, las alusiones al latín, las ganas de contar un amor imposible y un poco fuera de lo común. Durante años tuve un par de capítulos de “Enigma para famélicos” guardados en un cajón y, cuando la editorial me pidió una nueva novela (ya que decidieron no publicar la que me habían comprado con anterioridad), decidí tomarme algunos meses sin escribir para TV y ponerme a trabajar hasta terminarla.

- Toda la novela rebosa en referencias cinematográficas y gastronómicas. Hasta el punto que todo el enigma se dilucida en una cena en la que se exhiben fragmentos de varias películas. ¿A qué se debe esta decisión?
- El eje temático de la novela está atravesado por el cine y por la gastronomía. El título lo prueba. La comida, la vida, la muerte, el sexo, los grandes temas contemporáneos han sido tratados de modo magistral por el cine. En ese sentido, me pareció innovador que un libro adoptara al cine como referente, siendo que de ordinario ocurre justo lo contrario: el cine adopta y adapta obras literarias. Me gustó la idea de una biblioteca infinitamente borgeana convertida en una videoteca casi imposible de catalogar por su extensión y también por su intención (si nada faltase en ella, como en la videoteca del doctor Agustini, tampoco podrían faltar las respuestas a todos los enigmas). Hoy por hoy es más sencillo hablarle al lector en términos de citas cinéfilas que de citas literarias, y eso es lo que traté de hacer.

- Los personajes citan muchas veces a grandes pensadores, pero lo hacen en latín. ¿Por qué se volcó hacia esta alternativa?
- La primera respuesta parece sencilla: soy profesor de latín, si bien nunca ejercí como tal. Pero pensándolo mejor, el desafío del latín pasa por congeniar una trama que me parece muy “siglo XXI” (cine, chat, computadoras, etc.) con las verdades que una lengua supuestamente muerta no se cansa de revelar. Al leer un catálogo de locuciones latinas, muchas veces uno tiene la sensación de que los pensadores grecorromanos ya lo vivieron todo, ya lo pensaron todo, ya lo escribieron todo. Por eso me agradó la idea de poner en palabras de ellos no pocas reflexiones que, a la larga, se convierten en pistas del caso policial.

- Por sus características, “Enigma para famélicos” es claramente un policial. Sin embargo, creo que la trama se ramifica en numerosas alusiones que hacen que exceda al género ¿Es así?
- Humildemente, intenté que la novela no fuese solamente una novela policial. Trabajé para que admitiera una lectura unívoca e incuestionable pero también para que las series semánticas superpuestas en la trama habilitaran otros tipos de lecturas. El cine, la mitología, el latín, la gastronomía, las citas literarias cada una de ellas a su manera aporta para ampliar los límites de la novela policial y excederla. Esto, desde ya, tiene sus riesgos (desconcertar al lector, abrumarlo e incluso espantarlo) pero también abre la puerta a una convergencia de significados que se potencian entre sí y enriquecen la totalidad.

- Los personajes centrales de la novela tienen una psiquis muy compleja y eso queda muy claro. ¿Cómo fue el proceso para delinear las características de cada uno? ¿Cuáles fueron sus fuentes de inspiración?
- No creo poder reconocer fuentes de inspiración puntuales para los cuatro protagonistas de la novela. Tal como suele ocurrir, el “malo” (el doctor Martín Agustini) es un personaje cuyo interés reside en su psiquis retorcida y compleja. Es, a mi manera de entender, la típica “víctima de su propia inteligencia”, un personaje de esos que solemos cruzarnos pocas veces en la vida y de quien difícilmente nos olvidaremos. Agustini cree haber nacido solamente para sí mismo y actúa en consecuencia, sin límites ni atenuantes de ninguna naturaleza. Su egoísmo y su psicopatía son imperdonables. Es de la clase de personas que tienen fanáticos, detractores y no pocas víctimas.
Su esposa Mercedes (Helena de Troya) es una de ellas. Mercedes lo eligió y, en ese mismo instante, se resignó a soportar sus manejos arbitrarios y su crueldad innata. En cierto punto, ella también puede parecer una victimaria, pero al lado de un hombre como él no puede sino ser una víctima. El personaje de Josefina es quizás el más recto y equilibrado, el que va surgiendo a lo largo de la novela como más empeñado en vivir según alguna clase de justicia y quien parece (engañosamente) mantenerse al margen de todo lo malo que ocurre. Sin embargo, nada es lo que parece. Por último, el inspector Ulises Guzmán es el verdadero eje de la historia y, paradójicamente, de quien menos se habla.

- En efecto, respecto de Ulises Guzmán, el inspector protagonista, una vez finalizado el libro queda la sensación de que no se sabe mucho de él, lo que sí ocurre con otros personajes. ¿Podría haber una continuación, bajo la forma de otro caso para profundizar en esto?
- A esta altura, luego de repasar los cuatro personajes centrales de “Enigma para famélicos”, puede parecer que se trata de una novela de “buenos” y de “malos”. Sin embargo, no es en absoluto así. Ulises Guzmán cometió en el pasado un error cuya reparación lo lleva a cargar con un gran peso en su conciencia y lo amenaza con adosarle el epíteto de “mala persona”. Pero Ulises persiste en su decisión de ser, ante sus propios ojos y los del mundo, una ‘buena persona’ y por eso se embarca en la aventura de encontrar a los hermanitos Agustini. Es verdad que, quizás, se trate del personaje del que menos sabemos a lo largo de la novela. Y ello es así por dos motivos: Ulises es el narrador en primera persona (siempre suena egocéntrico un protagonista que habla mucho de sí mismo) y es el investigador del caso (no conviene que revele demasiado sobre sus móviles y sobre su personalidad, so pena de revelarnos detalles inconvenientes de la trama). Por todo esto es que decidí incluir un capítulo final donde, ya resuelto el caso policial, Guzmán pudiera darse el lujo de desgajar algunos datos sobre sí mismo y sobre su futuro. Todo lo cual, por supuesto, no excluye la posibilidad -y la tentación- de hacer que vuelva a aparecer en una próxima novela.

Una forma de narrar
- ¿Qué peso tuvo su experiencia como guionista de TV en el desarrollo de la novela?
- Aun cuando no soy plenamente consciente de ello, mi editora siempre me dice que -al leer mis novelas- se vuelve evidente el imperativo de la televisión en mi manera de narrar. Según ella, la rapidez con que avanza la trama, la costumbre de no dar respiro al espectador (al lector) son rasgos que me identifican como autor de ficción de la caja boba. No obstante, al escribir una novela como “Enigma para famélicos” traté de detenerme en las descripciones, en las citas, en los motivos que impulsan a los personajes, incluso en ciertas explicaciones de la trama que son muy poco televisivas. Creo que escribir literatura permite y soporta ciertos regodeos intelectuales que me divierten y que serían impensables en un guión de televisión. Aspiro a que ambos medios (literatura y TV) sigan teniendo su propio lenguaje, al menos en mis trabajos.

“Es una novela bastante inglesa”
- ¿Cuáles son los referentes literarios que influyeron en la gestación y elaboración?
- A quienes somos lectores de toda la vida se nos hace difícil señalar un puñado de referentes literarios que pudieran haber influido en nuestra forma de escribir. En mi caso, me gusta el policial inglés por su concentración en tiempo y lugar: pocas locaciones y pocos días en que transcurre la acción. Ello sumado a que, en general, se trata de pocos personajes, lo vuelve para mí un desafío interesante. En ese sentido, “Enigma para famélicos” es una novela bastante inglesa.

En cuanto a la manera de escribir, después de Borges todos los autores argentinos debemos tener la honestidad intelectual de reconocer que hemos sido marcados por su prosa exacta, despojada e inalcanzable. Desde ya que no me considero ni por asomo digno de inscribirme en su escuela, pero reconozco que ha sido un modelo a seguir (“La muerte y la brújula” es un cuento que debería ser de lectura obligatoria en las escuelas). En lo que se refiere a la trama, quizás un resplandor de Stephen King asome en algún sitio de mi novela, ya que lo considero el gran innovador del policial de terror del siglo XX. Por otro lado, reconozco que me gustan más los policiales clásicos de Agatha Christie que los contemporáneos del estilo de Stieg Larsson.

FUENTE: http://www.ellitoral.com/index.php/diarios/2012/02/11/nosotros/NOS-13.html

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