Mitos, dioses y héroes

www.anbariloche.com.ar 03/04/2012

Robert Graves es una autoridad indiscutida cuando se habla de mitología griega. En “Dioses y héroes de la antigua Grecia” prefigura la que iba a ser su obra cumbre en la materia, “Los mitos griegos”, dos tomos de una erudición extraordinaria. Zeus, Hera, Poseidón, Ares, Atenea. Están todos: los olímpicos no faltan a la cita. Tampoco las historias de Heracles, Dédalo o la hija perdida de Deméter. Gran libro. Un breve repaso por el territorio del mito y del politeísmo antropomórfico.

El relato mitológico casi siempre es fundacional y le otorga entidad a determinados relatos pre- históricos. Además, es el primer intento de explicar el origen de un universo particular. Después vendrán la filosofía y la ciencia a llenar los vacíos de conocimiento –todos- que deja tras de sí la construcción mítica, siempre inexistente, siempre fabulosa, extraordinaria, indispensable, imprescindible. El mito, afortunadamente, no se ubica demasiado lejos de la literatura y de la poesía y su existencia no amerita ninguna prueba irrefutable (nadie desea ninguna, además) Será, eternamente.

Robert Graves nació en Inglaterra en 1895 y murió en Mallorca, España, en 1985. Poeta, novelista, experto en mitos y cultísimo investigador. Estudió en Oxford, enseñó en Egipto y hasta creó su propio sello editorial. También fue un veterano de la Primera Guerra Mundial, en la que participó de la espantosa y larguísima Batalla del Somme, donde resultó herido. Fue un extraordinario y erudito escritor, fascinado también por la poesía. En La diosa blanca (publicado en 1948), se refiere precisamente a los infinitos contextos de la poesía. Se pregunta: "¿Cuál es la utilidad o la función de la poesía en la actualidad?(…) La "actual" es una civilización en la que son deshonrados los principales emblemas de la poesía (…) En la que la Luna es menospreciada como un apagado satélite de la Tierra y la mujer considerada como "personal auxiliar del Estado". En que el dinero puede comprar casi todo menos la verdad y a casi todos menos al poeta poseído por la verdad”.

Graves es un clásico desde hace ya largo tiempo. Sus trabajos han sido y son bien conocidos. Entre ellos uno de sus libros célebres, Yo Claudio (1934), novela histórica en la que recorre la vida del emperador romano Claudio (Tiberio Claudio César Augusto Germánico, en realidad; gobernó entre el 41 y el 54, año en el que murió envenenado), a la que le siguió, dentro de la misma temática, Claudio el Dios (1943) Pero sin duda Graves se transformó en una eminencia en el terreno de la mitología con la aparición de Los mitos griegos, en 1968, (fue editado en dos tomos por Alianza Editorial, en su colección Libro de Bolsillo, tanto en Madrid como en Buenos Aires; la misma editorial sacó a la venta en 1995 Los mitos hebreos, también escrito por Graves). Antes, quizá a manera de ensayo de lo que haría, publicó un pequeño, bello y fascinante libro: Dioses y héroes de la antigua Grecia (1960). Junto a Pierre Grimal y Paul Veyne, Graves es uno de los nombres que ya nadie discute cuando de mitos griegos se trata.

Dioses y héroes de la antigua Grecia se ocupa básicamente (el libro es amenísimo) de recorrer un terreno que la mayoría de las civilizaciones ha desarrollado con el tiempo: todas, en mayor o menor medida, cuentan con una concreta muchedumbre de mitos. Pero los más famosos son los griegos, que desde hace toda una eternidad contextualizan no sólo a su propia cultura sino también a la occidental. Muchas de sus historias son realmente notables. Incluso graciosas. Deidades, mitos y titanes hacían de todo y hasta se metamorfoseaban constantemente para practicar el castigo y la venganza. O seducir alguna que otra mujer hermosa.

Hay cientos de ellos pero los más importantes son los dioses olímpicos, todos vinculados por lazos familiares: muchos eran hijos del titán Cronos y de Rea. Y otros eran hijos (o algo así) de Zeus y Hera. Vivían en el monte Olimpo, de allí su nombre, en un palacio extraordinario construido por los cíclopes gigantes. Los dioses con más poder eran Zeus y Hera, el dios Padre y la diosa Madre. Los símbolos de Zeus eran el águila y el pájaro carpintero. Su temible arma era el rayo. Zeus y sus hermanos mayores, Poseidón y Hades, habían enviado a Cronos, su padre, a alguna parte del universo (que debía ser tan infinito e inmortal como los mismísimos dioses olímpicos). Luego no tuvieron más remedio que “repartirse” la herencia de Cronos: el mundo. Después de todo, habían derrotado a los titanes. Zeus se quedó con el cielo (era también el dios del trueno), Poseidón con el mar y Hades con los infiernos.

Hera no quería demasiado a Zeus (que solía corretear por allí, metamorfosis mediante, tras alguna mortal dama enamoradiza), quien la había seducido mediante un engaño. Era, también, la propietaria de los cielos y al mismo tiempo la diosa del matrimonio y la familia, pese a las constantes “agachadas” de Zeus. Uno de los emblemas que la representaban era la vaca.

Poseidón, aún hoy, es el dios del mar. El tridente lo caracteriza. Le temía a Zeus, que con su rayo podía hacer lo que se le antojase. Cuando se enojaba, su ira lo dominaba y arreciaban las tormentas. Su esposa era la nereida Anfitrine pero como la gran mayoría de los dioses griegos, Poseidón la pasaba bárbaro y tuvo cientos de amantes. Deméter, diosa de los frutos y de los granos, era la madre de Perséfone, que no tuvo otra salida que la de casarse con Hades, el dios de de los muertos. El símbolo de Deméter era una amapola.

Hefesto (hijo de Zeus y Hera) era el dios de los orfebres y de los carpinteros. Era rengo casi de nacimiento ya que su padre, cuando era muy pequeño, lo había golpeado (el bueno de Zeus pensaba que su hijo era débil). Una de las habitantes más famosas del Olimpo era Atenea: era la diosa de la sabiduría y de las batallas, aunque no era amiga de buscar problemas. Pero si peleaba, no perdía jamás. Su símbolo era un búho sabio. Decían las malas lenguas que era hija de Poseidón, aunque ella prefería que todos creyesen que su progenitor fuese Zeus (su madre era la oceánide Metis) Quién sabe…

Afrodita, otra de las muy conocidas, era la diosa del amor y la belleza. Zeus, que no era nada tonto, la obligó a casarse con su hijo Hefesto, aunque el amor de su vida fue Ares, el hermano fuerte y bello de Hefesto, con quien lo engaño cada vez que se lo propuso. Ares era el dios de la guerra y la violencia. No era muy popular en el Olimpo (excepto en los arrabales de Afrodita, claro) Era medio bruto y torpe, pero Afrodita lo adoraba: sus distintivos eran un jabalí y una lanza.

Apolo era el dios de la medicina, del tiro con arco, de la poesía, de la música y de los hombres solteros. Era hijo de Zeus aunque no de Hera: su madre era Leto, una diosa menor (pero hermosísima). Artemisa, su hermana gemela, era la diosa de la caza y las mujeres solteras. Su emblema era la osa. El último, en orden de aparición por los simpáticos pasillitos olímpicos, era Hermes, hijo de Zeus y otra diosa menor llamada Maya, también muy bonita. Era dios del comercio y los ladrones, además de mensajero de los dioses. Un genio Hermes: entre otras cosas, inventó el alfabeto. A Hestia, la diosa del hogar, la querían todos. Detestaba las peleas de su “familia”. Y todo se complicó cuando Zeus anunció que otro hijo suyo, Dionisos (con una mujer mortal que se llamaba Semele), dios del vino y de las celebraciones, pasaría a formar parte de tan selecto grupo. Como el trece siempre fue el número de la mala suerte, Hestia le dejó su lugar.

Pero el texto de Graves, que página a página se transforma en cada vez más delicioso, no sólo le presta atención a los moradores del Olimpo. También a otros personajes y otras historias relacionadas con los célebres dioses, con quienes estaban en constante interacción. Así aparecen las aventuras de Heracles (Hércules para los romanos), Perseo, Andrómeda, Orión, Pegaso, Orfeo y Euridice, Sisifo, Jasón o Dédalo, entre otras.

La mitología. Ese gran “invento” griego.
Dioses y héroes de la antigua Grecia. Robert Graves, Editorial Tusquets, Colección Fábula, Buenos Aires, Argentina, 2010.

FUENTE: http://www.anbariloche.com.ar/noticia.php?nota=27691

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