Enseñemos latín hablado


Ramón Irigoyen www.ramonirigoyen.com 25/06/2012

En el estudio del latín y del griego se ha puesto en práctica la norma del máximo esfuerzo con el mínimo rendimiento. ¿Y por qué? Por el gravísimo error de no estudiar el latín como una lengua viva, es decir, una lengua hablada, leída y escrita.

Una golondrina con la que mantengo una alegre conversación en latín en la avenida de Juan Pablo II de un pueblo de la sierra madrileña me pide que, ahora que se aproxima el 21 de junio, traduzca al castellano el verso de Horacio “ver proterit aestas”. Y se lo traduzco al instante – “a la primavera la arrolla el verano” – poniendo en práctica la frase “ahora mismo”, que siempre me decía una extraordinaria asistenta rumana cuando le pedía que hiciera alguna cosa.

Aquella mujer, ejemplo supremo de diligencia, podía estar, por ejemplo, tendiendo la ropa y, cuando se le pedía algo, al instante respondía “ahora mismo”. Y, aunque le dijera que no urgía lo que le había pedido, dejando de hacer lo que estaba haciendo, ella hacía, sin la menor pereza, y con la mayor velocidad y eficacia, lo que se le había pedido. Por eso he traducido aquí este verso latino de Horacio con la velocidad con la que Fernando Torres encara la portería del equipo contrario. Los buenos ejemplos mejoran nuestra conducta. Cuánto bien nos habría hecho Zapatero si, en vez de aplazar nefastamente la solución de la crisis, por telepatía, hubiera puesto en práctica el “ahora mismo” de esta asistenta rumana, de nombre Mariana, que creía en su Dios ortodoxo incluso mucho más de lo que los hinchas creemos en Íker Casillas.

Inspirado por mi diálogo con la maravillosa golondrina, criada en el nido del poema de Bécquer “Volverán las oscuras golondrinas, me pregunto: “¿Hay algún método recomendable para estudiar latín bien y no con la nefasta metodología que, durante siglos, hemos sufrido en occidente en colegios, institutos y universidades, aunque no en seminarios eclesiásticos?” Y, para no equivocarme en asunto de importancia tan primordial como el método, visito la fantástica librería madrileña Áurea, especializada en latín y griego, y pegada a la glorieta madrileña de Cuatro Caminos. Allí encuentro el método Lingua latina per se illustrata ‘La lengua latina ilustrada por sí misma’, del danés Hans H. Orberg, que, con absoluto acierto, considera que el latín es una lengua para ser leída en voz alta y, por tanto, una lengua hablada y, por supuesto, además, una lengua escrita. ¿Cómo se estudiaba latín en los seminarios, al menos, hasta hace unos años?, (ignoro si ahora se sigue haciendo así). El latín se estudiaba para comprender los textos escritos en latín, para traducir textos del castellano al latín y para hablar esta lengua, que era la lengua internacional – y, por tanto, la lengua hablada – de la Iglesia. El latín era, pues, para la Iglesia una lengua leída, escrita y hablada.

Vayamos a los colegios, institutos y universidades. ¿Cómo se ha estudiado allí el latín durante siglos? En estos centros se ha estudiado el latín como una lengua más muerta que la momia de Tutankamón. Si la metodología de las lenguas modernas – francés, inglés, alemán, italiano – ha sido nefasta porque, ahí están, con todas las excepciones que se quieran, los pobrísimos resultados en el estudio de estas lenguas cosechados por nuestros estudiantes, la metodología en el estudio del latín y del griego en colegios, institutos y universidades ha sido de juzgado de guardia. En el estudio del latín y del griego se ha puesto en práctica la norma del máximo esfuerzo con el mínimo rendimiento. ¿Y por qué? Por el gravísimo error de no estudiar el latín como una lengua viva, es decir, una lengua hablada, leída y escrita. ¿Cómo aprendemos nuestra lengua materna? En primer lugar, la hablamos, luego la leemos y luego la escribimos. A la hora de estudiar latín el proceso debe ser idéntico. Desde el primer minuto de la primera clase de latín se debe comenzar a hablar esta lengua leyendo el texto de Lingua latina per se illustrata y escuchando el CD que reproduce este texto leído en voz alta. Veamos las tres primeras frases del método: “Roma in Italia est. Italia in Europa est. Graecia in Europa est”. (‘Roma está en Italia. Italia está en Europa. Grecia está en Europa’). (Pasemos por alto el chiste involuntario de que Grecia está en Europa porque, después de las elecciones del 17 de junio, podría no estar). ¿Quién no hablará latín leyendo en voz alta textos tan sencillos como estos?

Alegra que profesores de varias docenas de colegios e institutos y de alguna universidad, partidarios de la renovación pedagógica, utilicen ya hoy en sus clases este método, en dos volúmenes, de Hans H. Orbg. Ha publicado este método, junto con otros muchos libros excelentes, Ediciones Cultura Clásica. ¿Echo algo en falta en este maravilloso método? Sí, echo en falta que, como el método Assimil de unas 40 lenguas, sea bilingüe. Al texto latino le falta su traducción castellana. Estoy seguro de que Cultura Clásica, inspirada por el genial método Assimil, se animará a preparar la edición bilingüe, latín-castellano, de este fantástico método.

Artículo de Ramón Irigoyen publicado en “Diario de Navarra” el lunes 18 de junio de 2012
Ramón Irigoyen es autor de 15 libros de obra original. Ha publicado también 14 libros de traducciones del griego antiguo y moderno.

FUENTE: http://www.ramonirigoyen.com/ensenemos-latin-hablado/1409

ENLACES: LINGVA LATINA PER SE ILLVSTRATA

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