Bárbaros, San Benito y Dionisio el Exiguo: controversia sobre el año 1

A. Requena y  L.M. Tomás | Murcia www.elfarodemurcia.info 08/01/2006

La invasión de Maguncia en el 406 inicia las acciones de los bárbaros que de procedencia germánica en su mayoría iniciaron el periodo oscuro de la historia, arrasando toda Europa. Unos de ellos, procedentes de Hungría (vándalos) llegaron hasta el estrecho de Gibraltar por el que cruzaron en el 429 para someter al Africa romana.

Estos hechos convulsionaron también al tiempo. La caída del imperio romano se cifra en el 476, cuando el último emperador, Romulo Augústulo fue ejecutado por el general germano Odoacro, que a su vez también recibió el mismo trato en el 493 por los ostrogodos. Los visigodos se adueñaron de todo a excepción del oeste de Hispania. En Oriente se mantenían hasta que irrumpieron los hunos que lo asolaron todo.

Roma sufrió el despojo de todo lo de valor, saqueos, destrucción, desmantelación y ruina fueron permanentes. Solamente quedaron en pie los templos y basílicas en manos de la Iglesia, aunque con una ausencia total de valoración por el arte o arquitectura, le aplicó una severa transformación de pagano a religioso, de forma que, en algún caso, aún se pueden observar las marcas de las cadenas con las que los cristianos pretendían tirar columnas de antiguos edificios. Todo acabó con la llegada del rey ostrogodo Teodorico que admirando la cultura romana, gobernó Italia durante 33 años desde Ravena, y supuso un renacimiento del antiguo imperio. Justiniano el emperador de Bizancio expulsó a los godos de Italia en el 540 y de nuevo Italia pagó el precio de la destrucción. El desgaste de la lucha debilitó a los bizantinos y poco después perdieron el territorio a manos de otra tribu germana, los longobardos. Todo conocimiento, inquietud y sabiduría pasaría a reposar en los monasterios, que en su mayoría pensaban que el conocimiento ya se tenía y sus preocupaciones deberían ser las relacionadas con Dios. Solamente hubieron unas pocas excepciones que permitieron que perdurara la ciencia de calcular el tiempo, de vital importancia para planificar la adoración a Dios.

En este tiempo de tinieblas destaca la figura de San Benito de Nursia que enseño a los monjes a construir relojes para contar las horas. Su concepción se limitaba a considerar la importancia de los relojes para servir a Dios. La regla de San Benito concretaba una serie de horas con las obligaciones, comidas, oraciones y ceremonias a efectuar en cada una de ellas. Con esto terminó con el periodo en que los abades establecían esas dedicaciones de los monjes y las universalizó. Los relojes de sol, de agua y de candela vela graduada) conseguía el cumplimiento unánime, independientemente del lugar. Tercia mañana), sexta mediodía) y nona tarde) eran las horas que se anunciaban en los monasterios y maitines amanecer), prima salida del sol), vísperas ocaso) y completas oscuridad), no se anunciaban. Lo que consiguió es que los monjes cristianos adoptaran el calendario civil romano. Se extendió por toda Europa. La hora sexta, dedicada en la regla benedictina al descanso, ha inmortalizado la hoy famosa SIESTA, trascendiendo al mundo asceta y monacal.

En el 526 el Papa Juan I le pide a Dionisio el Exiguo, de origen armenio, que calculara la fecha de la Pascua de resurrección. Su trabajo terminó con la dependencia de Alejandría, introduciendo la “inspiración del Espíritu Santo”. Actualizó las tablas de Cirilo de Alejandría, alcanzando a 95 años. Combatió la forma de fechar basada en el anni Diocletiani que situaba el año 1 en el 284 a.C., cuando subió al trono, por considerar que el mérito de perseguir a los cristianos lo invalidaba (los coptos de Egipto lo siguen en la actualidad). También aportó la forma de fechar anno Domini a.D.). No se sabe como estimó que Cristo había nacido 531 años antes y se estableció como base, el año 1 del Señor. El 0 no se conocía. El nacimiento de Cristo es un tema muy controvertido. En el evangelio de Mateo se dice que nació en la época de Herodes el Grande, que murió en el 4 a.C., luego debió nacer antes de esta fecha. Hay otras versiones que lo sitúan en el 6 o 7 a.C. En el siglo X se había adoptado la referencia a. D. en toda Europa.

En España el calendario era propio, la Era Hispánica, que situaba el año 1 en el 38 a.C., adoptado por los reyes godos. El Concilio de Tarragona impuso la era cristiana en 1180, aunque en Valencia, Aragón y Castilla se adoptó en el siglo XIV.

* Alberto Requena, Catedrático de Universidad e Investigador Principal del Grupo Láseres, Espectroscopia Molecular y Química Cuántica. Luis Manuel Tomás, Profesor Titular de Universidad e Investigador Principal del Grupo Visión.

Más información en: http://www.uv.es/~ivorra/Historia/Cero.htm

Archivado en: