La tierra de los olivos

Mariana Lafont www.pagina12.com.ar 12/11/2012

La presencia del olivo en Medio Oriente y el Mediterráneo está asociada desde hace siglos con hechos históricos y religiosos. Un viaje a tres sitios emblemáticos de ese fruto ancestral, recorriendo Jerusalén, Atenas y Estambul, sendas patrias de olivares milenarios.

El olivo, símbolo de paz y abundancia, está ligado desde siempre a las culturas mediterráneas, de los fenicios a los egipcios y los griegos. Ir a Medio Oriente es viajar a su tierra natal, donde resiste estoicamente sequía y calores. Extraordinariamente longevo, se conocen ejemplares milenarios: porque cuando el tronco del olivo se agota, genera rebrotes y sobrevive.

Según la Biblia, el aceite de oliva se usaba para iluminar templos y hogares, y se cree que Jerusalén estuvo desde siempre rodeada de olivos. Los musulmanes también veneraban su aceite y lo expresaron en el Corán, “Dios es la luz de los cielos y la tierra. Su luz es como la de un candil en una hornacina... Se enciende gracias al árbol bendito del olivo, el árbol que no es oriental ni occidental, cuyo aceite alumbra casi sin tocar el fuego: es luz de la Luz”. El olivo, como símbolo de fecundidad y victoria, también está en los orígenes de Grecia y en la fundación de Atenas, ciudad que la diosa Atenea logró poner bajo su patrocinio al plantar un olivo. El árbol se convirtió en objeto de cuidados y conservación: herirlo o cortarlo se castigaba con el destierro. Los vencedores en los Juegos Olímpicos eran coronados con ramas de olivo, también usadas en las fiestas dionisíacas para propiciar buenas cosechas. El respeto griego por el olivo fue imitado por los romanos, que expandieron y mejoraron su cultivo y lo llevaron a todas sus colonias.

MITOLOGICA ATENAS
La capital griega es una de las ciudades de más antiguo origen en el mundo. En el primer milenio antes de Cristo se convirtió en una de las polis dominantes de la Grecia clásica, un gran centro cultural con artistas, escritores y filósofos que moldearon la cultura occidental. De su época de apogeo –el siglo V a.C. o Siglo de Pericles– quedan grandes edificios como el Partenón, el Erecteión, el templo de Hefesto y el de Sunión.

La moderna Atenas nació en 1834 como capital de Grecia independiente y su corazón es la concurrida Plaza de Sintagma, donde se levanta el Parlamento. El casco antiguo está en los barrios Plaka y Monastiraki, con pintorescas callejuelas, tiendas, tabernas y hotelitos. Mientras en la Plaza de Monastiraki hay un colorido mercadito, en la parte alta de Plaka está Anafiotika, un barrio al estilo de las islas del Egeo. Y si se buscan galerías de arte y vida nocturna sin alejarse de la Acrópolis, hay que ir a Psirí, Thissio y Gazi. En Kolonaki, al pie del monte Licabeto, hay un barrio señorial con comercios y restaurantes de lujo. Finalmente, en la prolongada línea costera hay varios puertos, marinas y playas, sin olvidar El Pireo, punto de partida de los ferries a las islas.

Los principales complejos arqueológicos están dentro de parques llenos de olivos y conectados por paseos peatonales fáciles de visitar. La Acrópolis, afloramiento rocoso que formó el asentamiento original de Atenas, alberga el Partenón y cuatro edificios sagrados del siglo V a.C. Su empinado ascenso va hasta la Propylaia, magnífica entrada de estilos jónico y dórico; a la izquierda está el Templo de Atenea Nike. El Partenón, el edificio más grande de la Acrópolis, está hecho sólo de mármol y con una estructura totalmente armónica. El Erecteión, templo de Atenea y Poseidón, fue levantado allí en el lugar donde se cree fue la mítica batalla entre los dioses por el patrocinio de la ciudad. Al pie de la Acrópolis un museo guarda varios de sus tesoros y se puede visitar el Teatro de Dionisio, auditorio de piedra del siglo IV a.C. donde se representaban tragedias y comedias.

El Agora antigua parece un caos de ruinas, pero hay que imaginar que en su esplendor fue el centro económico, político y cultural ateniense, con el Templo de Hefesto, uno de los mejor conservados de Grecia. Por su parte, el Templo de Zeus Olímpico, uno de los más grandes de la Antigüedad, está muy cerca de los Jardines Nacionales y Plaka. Los amantes de museos también deben ir al Museo Arqueológico Nacional, con la mayor colección de objetos y obras de arte de la Grecia antigua en el mundo. Para ver otros períodos históricos está el Museo Bizantino y Cristiano, en tanto para conocer la historia olímpica se visita el elegante Estadio Panatenaico de 1896, donde se celebraron los primeros Juegos Olímpicos modernos.

SACRA JERUSALEN
Los más de cinco mil años de historia de Jerusalén están marcados por idas, vueltas y conflictos político-religiosos sin fin. La moderna Jerusalén se divide en un oeste judío, próspero y moderno, y en un este árabe, menos desarrollado. Entre ambos opuestos está la Ciudad Vieja, protegida por murallas del siglo XVI. Esta compacta meca turística tiene todas las atracciones en menos de un kilómetro cuadrado y tres son emblemáticas para las religiones monoteístas más grandes del mundo: el Santo Sepulcro, la Cúpula de la Roca y el Muro de los Lamentos. Los barrios de la Ciudad Vieja tienen el nombre de las comunidades que los habitaron: árabes, judíos, cristianos y armenios. Caminar en este laberinto es un viaje en el tiempo que va del ajetreado zoco árabe a un jardín armenio. La mezcla sorprende; en una misma tienda hay crucifijos, jamsas, kipás y menorás. Recorrerla de noche es especial, cuando los negocios cerrados, la calma y los faroles amarillos le dan un toque mágico.

El Monte del Templo es una colina natural que fue soporte del gran Templo Judío en tiempos bíblicos y, según el Corán, desde aquí Mahoma subió al cielo tras su Viaje Nocturno desde La Meca. Además, el monte figura en la Biblia como el sitio donde Abraham ofreció a su hijo Isaac en sacrificio. Al llegar el Islam en el siglo VII, se levantó la octogonal y dorada Cúpula de la Roca, uno de los edificios emblemáticos de Jerusalén. En el mismo monte, con cúpula plateada, está la Mezquita de Al Aqsa, la más antigua de Israel. Todos los monumentos están en un jardín lleno de olivos añejos, que en invierno son cosechados extendiendo telas bajo sus copas para recoger rugosas aceitunas negras. Otras tantas son cosechadas a mano para ser llevadas a la almazara. Al histórico Muro de los Lamentos, al pie del Monte del Templo, acuden a orar judíos de todo el mundo. Lo que se ve es lo que queda del muro de contención del Segundo Templo que construyó Herodes en el 30 a.C., y que los romanos destruyeron en el año 70. El muro es técnicamente una sinagoga: hay zonas para hombres y mujeres, y cuesta hallar un hueco para tocar el agrietado muro lleno de papelitos con deseos.

El turismo religioso hace furor, con peregrinos de todo el mundo que recorren las 14 estaciones de la Vía Dolorosa por donde se cree que Cristo llevó la cruz al Monte del Calvario. Allí está el Santo Sepulcro, y fuera de la Ciudad Vieja se encuentra el mítico Monte de los Olivos, escenario de grandes eventos bíblicos. Es otro de los sitios más sagrados de Tierra Santa donde, según la Biblia, Jesús solía hacer sus oraciones y donde lo arrestaron. En el Libro de Zacarías es el sitio donde Dios, al fin de los tiempos, redimirá a los muertos.

ESTAMBUL
La ex Bizancio y ex Constantinopla, una de las ciudades más bellas del mundo, se ubica en Asia y Europa, punto de encuentro de culturas y civilizaciones. Como Jerusalén, por siglos fue invadida, saqueada y reconstruida: fue bizantina, imperial y cristiana, pero también otomana e islámica. Un buen punto panorámico es la Torre de Gálata, que en el ocaso ofrece vistas de los minaretes y las mezquitas. Otro buen mirador es el Puente de Gálata, para ver la Mezquita Nueva, la Torre de Gálata, el Palacio Topkapi y los alminares de la mezquita de Suleiman.

Estambul conserva extraordinarios palacios y templos religiosos en el barrio de Sultanahmet. Santa Sofía, la antigua catedral cristiana de Constantinopla construida entre el 532 y el 537, pasó a ser mezquita en 1453 y museo en 1935. Siendo mezquita, los otomanos le agregaron cuatro minaretes y medallones decorativos en el interior, dándole su aspecto actual. Enfrente está la majestuosa Mezquita del Sultán Ahmed o Mezquita Azul, levantada donde estaban el Gran Palacio de Constantinopla y el hipódromo. Adentro, la luz natural se filtra e ilumina miles de azulejos azules de Izmir hechos a mano. El Palacio Topkapi fue el centro administrativo otomano desde 1465: rodeado por una muralla bizantina, este complejo de pequeños edificios unidos por patios y jardines se usó hasta 1853, cuando se trasladó al Palacio de Dolmabahçe, sobre la costa europea del Bósforo. Con 285 habitaciones, al entrar sorprende una escalinata con forma de doble herradura, de cristal de Baccarat y caoba. Además se puede ver la habitación de Mustafa Kemal Atatürk, padre de la patria y primer presidente de Turquía, que falleció aquí en 1938. Y finalmente, para cerrar la visita con una tarde de compras, hay que dirigirse al Gran Bazar, un laberinto de 58 calles y 4000 tiendas que ofrece alfombras, lámparas, molinillos, sedas y miles de artículos organizados en “gremios”, o bien el Bazar Egipcio de 1663, bien colorido y perfumado gracias a sus especias.

FUENTE: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/turismo/9-2440-2012-11-12.html

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