Más Platón y menos corrupción

Redacción 08/09/2018

¿Se puede destrozar una tragedia griega, incluso hasta el extremo de hacerla irreconocible? Cualquier docto en la materia pondría el grito en el cielo. Claro, pero eso sería porque no conocía Los Pelópidas de Jorge Llopis. Decíamos hace un par de días que había que tener poca vergüenza para representar a Plauto, pero ¿y a Sófocles o a Eurípides? Pues Llopis demostró en 1966 que sí, se puede hacer, y además con total tranquilidad. ¿Y ocurrió algo...? ¿Qué iba a ocurrir? Que el público se murió de risa.

Con esas premisas se escribió Los Pelópidas y esta noche Suripanta Teatro lo ha tenido muy fácil. Y no porque fuera sencillo representarlo sino porque su inmenso trabajo de actualización ha conseguido el efecto deseado. Una obra tremendamente contemporánea, que parece escrita hace media hora y que ha hecho la delicia del público.

Decia Antonio López Eire que la catarsis no solo se consigue en las tragedias, que las comedias también nos hacen pensar y reflexionar. Desde luego esta noche los asistentes al Sexi Firmum Iulium se han ido a casa sabiendo que los acontecimientos que les suceden a los héroes trágicos, siendo terribles, a lo mejor no son para tanto y que, ya puestos, si las desgracias tienen que llegar, mejor muchas que una sola. De hecho son tantas que lo más adecuado es tomarlas con la mejor de las sonrisas. Y si me apuras de las carcajadas.

En resumen, 80 minutos de pura diversión, gamberismo y disparate mítico en estado puro y carcajadas continuas que demuestran que la comedia es el mejor antídoto contra el tedio. Llopis lo tenía claro, él escribió una "hilaro-tragedia".

Fedra cierra la décima edición

Y ya llega la última función de la X edición. La gota fría nos empuja a la Casa de la Cultura. El esfuerzo organizativo va a ser tremendo pero la ocasión lo merece. Lolita Flores, Juan Fernández, Tina Sainz, Críspulo Cabezas y Eneko Sargadoy nos esperan. Solo tenemos que sentarnos y disfrutar de un magnífico espectáculo que ha recibido unas espléndidas críticas en el Festival de Mérida de este año. ¿Se puede pedir más?