Lo que podemos aprender de los filósofos clásicos en tiempos de pandemia y confinamiento

Marco Aurelio y Séneca.[Marco Aurelio y Séneca. E. M.]

MANUEL LLORENTE https://www.elmundo.es/  01/04/2020

Paseo por los clásicos grecolatinos, guía y consuelo para estos tiempos de zozobra

En tiempos de zozobra, volvamos a los clásicos. La pasión del conocimiento, personal y del mundo, viene de aquellos griegos y romanos que paseando o discutiendo en ágoras confiaron en la reflexión sosegada como referencia para desenvolverse, un faro que les guiara. Y entre sus prioridades, claro está, la felicidad. «La verdadera felicidad estriba en el libre ejercicio de la mente. La felicidad consiste en hacer el bien», sostuvo Aristóteles (384 a.C.-322 a.C.).

"ESFORCÉMONOS PARA QUE EL RECUERDO DE LOS SERES QUE PERDIMOS SE NOS VUELVA APACIBLE Y ALEGRE"

Los textos clásicos, leídos estos días, adquieren otro brillo; surgen frescos y contemporáneos, con otros significados. No sólo son frases hermosas que encandilan; algunas también reconfortan. Como esto que escribió Séneca (Córdoba, 4 a.C.-Roma, 55 d.C.): «En la pérdida del amigo ni estén secos nuestros ojos, ni tampoco arroyen el suelo. Nadie está triste para sí solo. ¡Oh necedad infeliz! También el duelo tiene su vanidad. Esforcémonos para que el recuerdo de los seres que perdimos se nos vuelva apacible y alegre. Aquel que pensamos haber perdido, se nos adelantó. La memoria de nuestros amigos es agradable como las manzanas que tienen una sabrosa acedía» (Moderación en el duelo).

Séneca, el mayor representante romano del estoicismo, conocedor de las derrotas y las debilidades humanas, creyó en la felicidad de este modo: «Puede considerarse feliz el que ni es ansioso ni temeroso, gracias a la razón (...) Feliz es la vida asentada en modo inalterable en un juicio recto y seguro. Sólo así el alma está limpia y libre de todos los males, pues sabe huir tanto de las heridas como de los pinchazos, permanece firme en sus decisiones y defiende su posición aun teniendo en contra una fortuna airada y hostil».

Y a renglón seguido, en el comentario que tituló Feliz es la vida asentada de modo inalterable en un juicio recto y seguro, agregó: «Con relación al placer, quiero decir que, aunque se derrame por todas partes, aunque lo encontremos en cualquier camino, aunque nos encandile con sus caricias y pueda multiplicarse excitando nuestro cuerpo total o parcialmente, ¿qué hombre al que le quede algún vestigio humano querría día y noche seducir y entregarse a un cuerpo sin alma?».

"LA PRUDENCIA ES EL MÁS EXCELSO DE TODOS LOS BIENES"

«La prudencia es el más excelso de todos los bienes», manifestó Epicuro (341 a.C.-271/270 a.C.). El filósofo griego confió en un placer razonable, buscó la tranquilidad del espíritu a través de la quietud, la ataraxia. Pero lo que importa es el hombre, en toda su dimensión. En la Antígona de Sófocles (496-406) se dice: «Muchas son las cosas admirables,/ mas ninguna que el hombre hay más admirable».

"INDECISA BALBUCEABA LA MEDICINA"

«Indecisa balbuceaba la medicina, con callado temor, mientras los apestados revolvían sus ardientes ojos, siempre abiertos, privados de sueño. Y se daban además otros síntomas mortales: la mente perturbada con angustia y terror, ceño sombrío, rostro hosco y enfurecido, oídos inquietos y llenos de zumbidos, respiración rápida o bien lenta y profunda, el cuello bañado en un sudor perleante, esputos tenues, menudos, salados y de color de azafrán, penosamente arrancados por una tos ronca». Esto fue escrito hacia el año 50 antes de Cristo por Lucrecio. Tito Lucrecio Caro.

El fragmento del poeta y filósofo romano (99 a.C-55 a.C.) corresponde a su descripción de La peste de Atenas, incluido en su única obra conservada, De la naturaleza (editorial Acantilado). Poco se sabe de su vida, más allá de especulaciones y de esta nota de San Jerónimo: «Después de que un filtro amoroso le hubiese vuelto loco, y hubiese escrito en los intervalos de su locura varios libros que Cicerón revisó, se quitó la vida por su propia mano a los 44 años».

"ES INNEGABLE QUE VUELAN POR EL AIRE MUCHOS GÉRMENES DE ENFERMEDAD Y DE MUERTE"

Es de asombro cómo hace más de 20 siglos Lucrecio tituló Origen de las epidemias, incluido en De la naturaleza, este fragmento: «Hay gérmenes de numerosas sustancias que nos dan vida, y, al contrario, es innegable que vuelan por el aire muchos gérmenes de enfermedad y de muerte. Cuando un azar o accidente ha reunido estos últimos e infectan el cielo, el aire se hace pestilente. Y toda esta fuerza morbosa y pestífera, o viene de regiones exteriores a través del cielo, como las nubes y neblinas, o a menudo se reúne y emerge de la tierra misma, cuando el húmedo suelo entra en corrupción al embate de intempestivas lluvias y calores».

"NO TENGAS OTRO FIN SINO EL BIEN DE LA SOCIEDAD"

En este recorrido por el mundo de los clásicos, debiera detenerse el lector en Marco Aurelio (121-180), emperador sabio que dejó frases certeras para casi todo («La mejor defensa es no parecerte a ellos»), aunque no de fácil cumplimiento. Marco Aurelio aconsejó hace casi dos siglos esto a sus contemporáneos: «En primer lugar, nada hagas sin reflexionar ni sin finalidad; y por lo demás, no tengas otro fin sino el bien de la sociedad» (editorial Errata Naturae).

"NO ES QUE TENGAMOS POCO TIEMPO, SINO QUE PERDEMOS MUCHO"

Ante el debate, personal y público, sobre algunas actitudes y comportamientos del hombre en la sociedad actual y cómo afrontar el nuevo statu quo quizá habría que tener en cuenta lo que el español Séneca, preceptor de emperadores, escribió en De la brevedad de la vida (editorial Aguilar): «No es que tengamos poco tiempo, sino que perdemos mucho. Asaz larga es la vida y más que suficiente para consumar las más grandes empresas si se hiciera de ella buen uso; pero cuando se desperdicia en la disipación y en la negligencia; cuando a ninguna cosa buena se dedica, al empuje de la última hora inevitable sentimos que se nos ha ido aquella vida que no reparamos siquiera que anduviese. Y es así: no recibimos una vida corta, sino que nosotros la acortamos; ni somos de ella indigentes, sino manirrotos».

"MÁS VALE EL BUEN OCIO QUE EL NEGOCIO"

Sobre el tempus fugit, la huida del tiempo, también reflexionó y escribió (perdón por el salto en el tiempo) Baltasar Gracián (1601-1658). El jesuita zaragozano, autor de la máxima «lo bueno, si breve, dos veces bueno», en su Oráculo y arte de la prudencia (que acaba de rescatar la editorial Los secretos de Diotima) escribió: «Saber un poco más, y vivir un poco menos. Otros discurren al contrario. Más vale el buen ocio que el negocio. No tenemos cosa nuestra sino el tiempo. ¿Dónde vive quien no tiene lugar? Igual infelicidad es gastar la preciosa vida en tareas mecánicas que en demasía de las sublimes; ni se ha de cargar de ocupaciones, ni de envidia: es atropellar el vivir y ahogar el ánimo. Algunos lo extienden al saber, pero no se vive si no se sabe».

Y más allá de lo fugaz y lo inmediato, Marco Aurelio pone el dedo en la llaga sobre qué actitudes tomar ante la vida, que él simplifica pero no yerra: «¿Quiénes son Alejandro, Cayo César y Pompeyo, en comparación con Diógenes, Heráclito y Sócrates? En efecto, éstos penetraban las cosas a fondo, en sus principios y en su sustancia, y por nada se alteraba el equilibrio de su alma. Por el contrario, los primeros, ¡cuántas inquietudes! ¡Cuánta esclavitud!».

"MUCHOS QUE TOLERARON VALEROSAMENTE HERIDAS NO SON CAPACES DE SOPORTAR EL DOLOR DE LA ENFERMEDAD"

Ante la extensión de la pandemia, el dolor. Cicerón (106 a. C.-46 a. C.), retirado ya de la vida pública, escribió lo siguiente: «Resulta que muchos que, o bien por afán de victoria, o bien por deseo de gloria, o bien incluso por defender sus derechos y libertades, recibieron y toleraron valerosamente heridas, esos mismos, relajada la tensión, no son capaces de soportar el dolor de la enfermedad. Y es porque ese dolor que habían soportado con facilidad no lo habían soportado gracias a la razón o a la sabiduría, sino antes bien por ambición y deseo de gloria. Es así que algunos bárbaros inhumanos pueden luchar valerosamente con la espada, pero no son capaces de enfrentarse como hombres a la enfermedad. En cambio, los griegos, no tan valerosos pero sí juiciosos, lo propio de la capacidad humana, no pueden mirar cara a cara a los enemigos, pero soportan las enfermedades con resignación y dignidad».

"DE NADA TENGO MÁS MIEDO QUE DEL MIEDO"

Gozo literario y sabiduría. Reflexión y lectura de los clásicos. Anécdotas y ejemplos prácticos de la vida. Michel de Montaigne (1533-1592), que vivió durante años enclaustrado para encontrar en el conocimiento ayuda, que escribió sobre casi todo -la pedantería, la amistad, la gloria, la ira, la cobardía, la edad...-, cuyos Ensayos podrían servir de libro de horas, también profundizó sobre el miedo. Si bien distingue entre varios según su origen, concluye que el sacrificio (parece escrito hoy mismo) y hasta la oración pueden terminar con él.

Así lo fijó: «De nada tengo más miedo que del miedo. También supera en violencia el resto de accidentes (...) Sólo se oían gritos y voces empavorecidas. Se veían salir a los habitantes de las casas, como si les llamaran a las armas, y atacarse, herirse y matarse entre sí, como si fueran enemigos llegados a ocupar la ciudad. No había sino desorden y furor, hasta que, mediante oraciones y sacrificios, apaciguaron la ira de los dioses».

Para estos días de confinamiento, ahí está el ejemplo de la Odisea. Las aventuras -qué más da si ciertas o no-, de un héroe moderno que no se desvió de su propósito, el regreso a Ítaca, a su casa, a su mundo tras ver mundo. El catedrático y académico de la Lengua Carlos García Gual, quizá el helenista español de más vasto conocimiento, la aconseja por «sus escenarios fabulosos y sus aires novelescos». Odiseo «no posee un gran reino ni una gran flota. No es hijo de un dios».

En su eterno viaje de regreso, el poema atribuido a Homero y posiblemente escrito en el siglo VIII a.C., tras sus peripecias con Circe, con Escila y Caribdis, Nausíaca y Atenea... llegó hasta Penélope. Origen y fin. («En mi principio está mi fin», escribió T.S. Eliot en el segundo de sus Cuatro cuartetos). Ahí está la traducción y prólogo de Garcia Gual (Alianza editorial), esperando. Y para los más pequeños, Las aventuras de Ulises (Siruela) de Giovenni Nucci. ¿Qué es la vida sino un viaje?

FUENTE: https://www.elmundo.es/cultura/2020/04/01/5e837e01fdddff906a8b4651.html

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