Negro, esclavo y catedrático: la historia de Juan Latino, un escritor africano criado en Baena

"Head of an African", Albrecht Durer

Juan Velasco, Cordópolis,  

En tiempos de revisionismos históricos, toca reivindicar las voces de figuras afroespañolas como la de este esclavo que se convirtió en el primer negro en publicar un libro en latín

En estos tiempos en los que se buscan símbolos de la negritud en España -uno de los capítulos menos conocidos de nuestra historia-, uno de los más importantes tiene parte de su origen en Baena, un municipio situado en el corazón de Andalucía y donde se crió Juan de Sessa, más conocido como Juan Latino, un esclavo de origen africano que se convirtió en catedrático y en el primer escritor afrodescendiente que publicó un libro en España.

Su historia tiene muchas lagunas, aunque la mayoría de los historiadores coinciden en situar parte de su vida en Baena. Hay quienes apuntan a que nació allí en el año 1518, aunque parece mucho más probable que fuera un esclavo negro comerciado y vendido a la familia Fernández de Córdoba, descendientes del Gran Capitán. Esta hipótesis se asemeja más a lo que él mismo dejó escrito, pues dio constancia de su origen etíope, que no necesariamente significa que hubiera nacido en Etiopía, ya que en el siglo XVI etíope era el gentilismo de prácticamente toda África.

En cualquier caso, acabó como sirviente personal de Gonzalo Fernández de Córdoba, nieto del gran militar, junto al cual creció durante su infancia y parte de su juventud. La mayor parte de escritos históricos relatan que Juan de Sessa, por su cercanía a Gonzalo, se acabó empapando de la educación de éste tanto en Córdoba como cuando la familia se mudó a Granada en el año 1526.

Una vez en la ciudad nazarí, el esclavo conoció al catedrático de Gramática Pedro de la Mota, que era profesor del Colegio Real donde daba clase su señor, y con este encuentro se cimentó su interés por las humanidades -aunque se sabe que cursó alguna asignatura de Medicina-. De alguna manera, Juan consiguió el permiso y el apoyo para iniciar su aprendizaje. Debió ser un proceso paulatino y lleno de claroscuros. La prueba está en que tuvo que esperar hasta 1546, cuando contaba 28 años, para la obtención del título de Bachiller en Filosofía; y luego otros once años, hasta 1557, para obtener el grado de licenciado.

Casado con una noble granadina, con la que tuvo cuatro hijos

Tenía 38 años. Había pasado décadas escuchando las clases desde fuera, sin poder entrar con el resto de los alumnos, aunque ganándose poco a poco el respeto de muchos de ellos por su manejo del latín, una pericia que le habría granjeado un sobrenombre, Juan Latino, que él llevaba con orgullo.

Con 39 años lo nombraron maestro de la Universidad de Granada y se convirtió de este modo en el primer catedrático negro en la historia de los estudios superiores en España. Lo logró obteniendo el beneplácito de una comisión que encabezaron el arzobispo Pedro Guerrero, el jurista Pedro de Deza y el gobernador Conde de Tendilla, según detalla el periodista, investigador y escritor Gabriel Pozo Felguera.

Ya por entonces, aquel negro que se movía por la Granada del siglo XVI, había logrado trazar amistadas en los más altos estamentos. También había protagonizado algún escándalo social, como cuando solicitó matrimonio a Ana de Carleval, una mujer perteneciente a la aristocracia granadina a la que le había estado dando clase, y con la que, contra todo pronóstico, se acabó casando y teniendo cuatro hijos.

A su historia educativa y su historia amorosa le sumó su principal hito: se convirtió en el primer escritor negro que vio su obra impresa. Fue en el año 1573, con Epigramas, dedicado a Juan de Austria tras la batalla de Lepanto. El impacto de aquella nueva hazaña probablemente terminó de cimentar su reputación a nivel nacional y dio paso a gran parte de su leyenda, a la que contribuyeron algunas de las mejores plumas del Siglo de Oro.

Miguel de Cervantes, otro combatiente de Lepanto, llegaría a conocerlo en una visita a Granada, y quedó tan impactado que lo incluyó en el prólogo de El Quijote -“Pues al cielo no le plugo / que salieses tan ladino/ como el negro Juan Latino”, escribe-. Lo mismo le ocurrió a Lope de Vega, que le dedicó unos versos: “No era tan blanco en Granada / Juan Latino, que a la hija / de un veinticuatro enseñaba; / y con ser negro y esclavo / porque era su madre esclava / del claro Duque de Sessa, / honor de España y de Italia, / vino a casarse con ella / que gramática estudiaba, / y la enseñó a conjugar / en llegando al amo, amas”.

Vivió la Rebelión de las Alpujarras desde el bando cristiano

Más allá de su merecida fama, el esclavo bien seguro que vivió en su fuero interno un conflicto racial cuando, en la Granada por la que escalaba socialmente, estalló la Rebelión de las Alpujarras, por la que la población morisca se levantó en armas contra la Corona, ya que ésta asumió, siguiendo el dictado del Obispo Pedro Guerrero, que nunca serían buenos cristianos si se les permitía mantener sus costumbres.

Aquella cruenta batalla desembocó en un episodio de esclavismo, ya que muchos de los moriscos que sobrevivieron fueron vendidos por toda la Península. Aunque justo es decir que en aquella contienda el otro bando también vendía a los cristianos apresados a los mercaderes llegados del norte de África a cambio de armas.

En este enfrentamiento, Juan Latino tomó partido por el bando cristiano, al servicio como siempre estuvo de Gonzalo Fernández de Córdoba. En este aspecto inciden historiadores como Eduardo Soler Fiérrez, que indican que “Juan comprendió desde pequeño, como ocurrió en el caso de otros esclavos excepcionales, que el saber era el único medio que tenía para conseguir tanto su liberación como su ascensión en una sociedad estamental y a él se aferró para alcanzar ambas metas”. Los conflictos internos y la conciencia racial quedaron al margen, por tanto, a la hora de estudiar su figura.

A pesar de ello. A pesar de todos sus logros, de su lealtad a la Corona de España, de su relevancia histórica y de su leyenda, Juan Latino apenas goza de enseñas en Córdoba. Alguna calle en Baena, otra en el Barrio del Naranjo en Córdoba, también en Granada. En ninguno de estos lugares cuenta con una estatua a la que acudir para reivindicar la figura de los afroespañoles, algo que sería vital en un momento como el actual, en el que, mientras algunos intentan reinterpretar erróneamente la historia de España con un prisma contemporáneo, otros solamente intentan arrojar algo de luz sobre la historia negra de España.

Y estos últimos tienen en Juan Latino un buen referente al que agarrarse.

FUENTE: Cordópolis.es

Archivado en: 
Temas relacionados: