Londres muestra la pervivencia del arte clásico en Bizancio


Exposición El camino hacia BizancioLondres | EFE 29-03-2006


El Museo del Ermitage, de la ciudad rusa de San Petersburgo, posee una de las más importantes colecciones de arte clásico y bizantino del mundo, de la que se presenta una selección en las salas homónimas de la Somerset House londinense.

La exposición, titulada 'El camino hacia Bizancio', documenta la pervivencia de estilos y motivos clásicos desarrollados en la antigua Grecia y adaptados luego en el mundo romano en la Edad Media bizantina, mucho después de su desaparición de otras formas artísticas.

En las salas Ermitage del museo londinense, que comparte edificio con el Instituto Courtauld de Arte, se exhiben desde este jueves y hasta el 3 de septiembre valiosas piezas procedentes de la región del mar Negro, en los límites del mundo helénico.

Junto a preciosas muestras de alfarería, los visitantes podrán admirar objetos de plata y oro elaborados por artesanos griegos y encontrados en las excavaciones de los túmulos que contenían los restos mortales de nobles escitas.

Los escitas eran parte de una cultura nómada que se extendía por toda el Asia Central y que estaba ya establecida en la costa septentrional del mar Negro a la llegada allí de los colonos griegos, y los objetos expuestos reflejan la importante interacción entre las dos culturas.

Entre ellos destaca un carcaj de oro -los escitas eran, entre otras cosas, grandes arqueros- con un bajorrelieve que documenta cómo la tradición clásica griega se extiende a otras regiones y culturas.

Hacia el año 30 antes de Cristo, la mayor parte del mundo griego había quedado sometido a los romanos, que adoptaron a su vez muchos aspectos de la cultura helénica, incluidas sus tradiciones artísticas.

En Londres se exponen varios bustos en bronce o mármol, algunos de estilo realista, mucho más próximo al gusto romano, otros más idealizados, claramente influidos por el retrato helénico, como la imagen idealizada de Livia, esposa del emperador Augusto, o de Antinoo, favorito de Adriano, que lo elevó al estatus de dios.

Hacia el tercer siglo de nuestra era, la tradición clásica comienza a flojear en Roma, lo que corresponde a un cambio de gusto, y así aparecen obras que hacen caso omiso de los principios naturalistas del arte clásico y en las que la representación se torna más estilizada y simbólica.

La adopción del cristianismo como religión oficial del Imperio se considera que coincide con el final de la antigüedad clásica -en torno al siglo IV- y el comienzo de la tradición medieval.

Sin embargo, una de las piezas expuestas, un camafeo que muestra la coronación del emperador Constantino el Grande, refundador de Bizancio como la nueva Roma, anticipa claramente la supervivencia del clasicismo en los objetos de lujo de siglos posteriores.

En la exposición puede verse, asimismo, una interesante colección de tejidos del Egipto copto (cristiano), la mayoría del siglo IV, utilizados en su día como túnicas o para decorar habitaciones y en las que perviven imágenes de dioses paganos, todavía muy populares entonces.

Algunos objetos lujosos de los comienzos del Imperio bizantino, entre ellos un maravilloso plato que muestra a Sileno y una ménade bailando, prueban la pervivencia de estilos y de la mitología del mundo clásico en el Bizancio cristiano.

La última parte de la exposición, que se centra en el Bizancio medieval, ilustra cómo los habitantes de aquel imperio compaginaban la veneración de iconos cristianos con la celebración de los mitos de la antigüedad.

MÁS INFORMACIÓN:

http://www.hermitagerooms.com/exhibitions/Byzantium/index.asp

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