El húmedo mundo de Cleopatra

Berlín www.abc.es 14/05/2006
Un mundo sensual que la exposición berlinesa —que invita hasta septiembre a la inmersión y sólo viajará a París— replica en un silente buceo por entre 500 objetos —de la cabeza del hijo de Cleopatra hasta la colosal Hapi, diosa del Nilo— largo tiempo ocultos bajo el celofán del océano. El rescate de la vida lagunar incluye el puerto y barrio real de Alejandría, su vecina y rival Heráklion, megápolis desplazada por la fundación helena de aquélla, y el disipado barrio portuario de Canope, auspiciado por el templo de Osiris hasta sustituirlo un monasterio cristiano.
Una cultura sofisticada y disoluta, fruto de la fascinación helena por el misterio egipcio de Alejandro el Magno, quien quiso aquí descansar de su aventura global y enterrarse en tumba aún nunca hallada. Tras él, su general Ptolomeo fundó una dinastía griega fusionada con el Nilo, que se extendería 300 años y justifica la fina nariz helena de Cleopatra, aun cuando ella quiso ser tan egipcia que aprendió la lengua, o la muestra en esta exposición de una diosa Isis con corte de pelo griego.
Trece años de arqueología submarina rescatan ese mundomortalmente atrayente, regido por Isis y Osiris y buscado para el amor invernal por Julio César, que en el 47 a. C y en el vientre de Cleopatra dejó un hijo rey; luego por Marco Antonio, que le dejó otros tres, y así hasta Napoleón que si no llegó a tiempo quedó igual de impresionado. La última faraona había consumado antes matrimonio con dos de sus hermanos, hasta invitarlos a una copa de veneno para que dejaran sitio a Roma, la que a su turno mantuvo la licenciosidad de Canope.
Cleopatra Philopatris tenía 17 años cuando fue llamada a ser última reina ptolomeica; cuando con 39 se quitó la vida por Marco Antonio, Egipto dejaba de ser autónomo y no lo sería más en dos milenios. En su tiempo fue pasto de las llamas la biblioteca y el antiguo museo de Egipto, y así uno de los eslabones perdidos de la historia del hombre; pero, además, sobre un suelo arcilloso y en una falla sísmica era un mundo edificado contra natura, dice el arqueólogo Goddio, y ésta acabó por tragársela con su famoso faro.
Empleando instrumentos muy refinados, entre ellos un magnetómetro de resonancia nuclear de la Comisión francesa de Energía Atómica, el equipo logró hacer «realidad física» estas ciudades perdidas y ahora se puede afirmar que «el puerto antiguo de Alejandría se extendía sobre 600 hectáreas, que Heráklion, descubierta a siete kilómetros en el mar, se extendía sobre un kilómetro cuadrado, y que a parte oriental de Canope se extendía sobre 500 metros cuadrados», explica Goddio. El hallazgo subacuático —comparado a Pompeya— arroja luz sobre 15 siglos de fusión cultural de tres ciudades de gran significado religioso, político y científico, desde el período pretolomáico hasta la helenización, la entrada de Roma, luego del cristianismo y finalmente, con piezas de oro del siglo VIII antes del hundimiento, la arabización. Y con ello la fusión de deidades como Serapis (Osiris-Apis/Zeus), o Hércules tomando el lugar de Amón; destaca el hallazgo de un dios Hapi, del Nilo y la fecundidad, erguido y de 5,21 metros de altura, el mayor conocido; y la estela negra del tiempo de Nektanebos I, que confirma que las buscadas Heráklion y Thonis eran la misma ciudad.
«Tesoros sumergidos» presenta por primera vez la «Naos de las Décadas», con el primer calendario astrológico, y singularidades como un sacerdote de Isis con el rostro de Ptolomeo XII, padre de Cleopatra. Destaca, entre decenas de objetos de las culturas que sedimentaron el delta, una esfinge de Nectanebo II (XXX dinastía, 359-341 a. C) o la prodigiosa talla en granito negro de Arsinoe II, reina de Tracia y tatarabuela de Cleopatra, cuya labrada desnudez apenas busca disimular un velo.

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