El teatro de la tragedia humana de Ovidio

C. J. Vinagre Celestino | Mérida www.hoy.es 28/07/2006
'El amor del ruiseñor' aparece como una apuesta por el texto y la actuación coral de los actores La compañía Teatres de la Generalitat de Valencia escenifica desde hoy las Metamorfosis
El Festival de Mérida prosigue por la senda de la tragedia, aunque con un matiz más sobrio. Tras Ítaca, el estreno esta noche de El amor del ruiseñor, una obra dirigida por Jorge Picó, extraída de la obra de la estadounidense Timberlake Wertenbaker, que recupera el mito de Procne, Filomela y Tereo de las Metamorfosis de Ovidio, presenta el «teatro, teatro», en palabras del director del Festival de Mérida, Francisco Carrillo, lejos de condimentos extras que hagan pasar a un segundo plano el texto. La función, la cuarta de la muestra teatral extremeña, es una producción de la compañía pública Teatres de la Generalitat valenciana.
La historia de las pasiones humanas, centrada en dos hermanas, Procne y Filomela, y un hombre, Tereo, donde se enlazan amor, poder y muerte, es rescatada para un escenario, el Teatro Romano, «donde los muertos hablan mucho», en palabras de Picó, quien avanza una función «llena de preguntas» para un público «inteligente, aunque, como es obvio, la idea es que venga todo el mundo».
Para el director del Festival emeritense, Francisco Carrillo, el trabajo de la compañía valenciana es una buena noticia para el propio Festival y para él mismo. «Se trata de una representación exquisita con la que gozo sobremanera», admitió Carrillo, quien dijo sentir debilidad, como director de teatro, por una adaptación donde haya «texto, texto y teatro, teatro».
A pesar de su aparente apuesta por lo específicamente textual, por la actuación grupal de los actores, El amor del ruiseñor no desdeña una puesta en escena en la que los espejos y el acompañamiento de máscaras y marionetas, más el blanco inmaculado del vestuario, tienen su explicación. «Es impresionante», reseña Jorque Picó cuando señala que la historia se cuenta a través de los ojos de un niño, el hijo de Procnes y Tereo, representado mediante una marioneta de papel, que alude a la delicadeza y fragilidad con que mira la infancia. «Los aditamentos que hay son para resaltar la acción», concreta Picó.
Interpretación
El director subraya que el mito de Ovidio, tan añejo como representado, adquiere en su obra una nueva interpretación. «Cuando el caos se ha desencadenado, lo mejor es volver atrás, a un estado más primitivo. Es preferible ser pájaro que seguir acuchillándose. Como colofón, la autora pone al niño muerto a conversar con papá Abubilla: se interesa por el significado de lo que acaba de sucederles. Puede que sus preguntas le lleven al conocimiento, que el conocimiento le haga humilde, y que la humildad sea germen de esperanza. Esta obra tiene algo catártico, curativo», agrega.
El amor del ruiseñor se estrenó en la localidad valenciana de Alzira el pasado día 7 y después pasó por San Sebastián, donde la representación estuvo salpicada de problemas técnicos.
Una escritora de Nueva York absorbida por la mitología
«Utilizo un lenguaje directo y muy cinematográfico, caracterizado por frases cortas, que no he querido perder en la traducción que he realizado», comentó ayer Jorge Picó sobre el texto de la norteamericana Timberlake Wertenbaker, quien ha construido una pieza «atemporal» sobre el escrito primitivo de Ovidio.
La historia de la escritora estadounidense está plagada de mestizaje cultural y amor por el clasicismo. Wertenbaker nació en la ciudad de Nueva York en 1944, creció en el País Vasco francés y estudió en el St. John's College de Annapolis, Maryland, en los Estados Unidos.
Sus primeros trabajos tuvieron como su escenario su ciudad natal, pero después vivió varios años en Grecia, y en la década de 1970 se estableció en Gran Bretaña, donde desarrolló su carrera como dramaturga.
Silencio
Sobre El amor del ruiseñor, escrita antes de Our Contry's Good y luego reescrita durante los ensayos, la página web del Festival de Mérida recoge que su autora ha tratado «la cuestión de lo que significa ser silenciado. En este caso, donde no había redención, el silencio conduce inevitablemente a la violencia. Basada en el mito griego de Filomela, la obra responde a mi pasión por la cultura griega. Se ha considerado que la obra trata de las mujeres, pero yo en realidad quería hablar de la violencia que estalla en las sociedades que han sido silenciadas durante demasiado tiempo. Sin el lenguaje, la brutalidad acaba triunfando».
El director valenciano de El amor del ruiseñor resalta que «ahora que nuestros escenarios se llenan de voces más que de personajes, de obras desestructuradas y sin historia, donde no pasa nada, Wertenbaker trabaja con personajes y hacia cada uno de ellos tiene una mirada humana. Los carga de razones».
«El actor está completamente desnudo en escena, no llevamos ningún elemento. No llevamos ni vasos, ni sillas, nada. El actor está con el texto puro y duro, con su compañero y con una escenografía que nos ayuda, pero nos ayuda para ubicar el espacio, no a que el actor se apoye en el escenografía. Es un trabajo de grupo», añade Inés Díaz, Filomela en la obra.

LA FICHA
Dirección escénica: Jorge Picó.
Adaptación/Traducción: Miguel Teruel y Jorge Picó.
Reparto: Inés Díaz, Juli Cantó, Empar Canet, Manuel Puchades, Rosana Espinós y Pau Pons.
Escenografía: Paco Azorín.
Vestuario: Pascual Peris.
Música: Mariano Cossa.
Producción: Teatres de la Generalitat Valenciana.
En escena: Hasta el próximo domingo, desde las 23 horas, en el Teatro Romano.