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Los hijos de Eros: homosexualidad militar en la Grecia clásica

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Alejandro García www.jotdown.es

Desde que Ridley Scott recuperó con Gladiator el antiguo género del cine de romanos o peplum, el interés por la Antigüedad clásica en la cultura popular ha experimentado un auge continuado en el que uno de los hitos es sin duda la adaptación a la pantalla del cómic de Frank Miller sobre otro mito guerrero; los trescientos soldados espartanos que combatieron y murieron heroicamente en la batalla de las Termópilas. Hasta el punto de que ese discurso sobre la disciplina y el sacrificio castrense se ha convertido en un referente cultural moderno.

Si bien toda la película, visualmente muy impactante, está atravesada por referencias al mundo griego clásico más o menos adaptadas al gusto contemporáneo, hay una escena especialmente interesante en la que el rey persa Jerjes, ataviado como la reina del carnaval de Tenerife, le hace una propuesta al rey espartano Leónidas con un mensaje homoerótico bastante poco sutil. En ella se resumen muy gráficamente dos tendencias actuales: por una parte, el reconocimiento de la existencia de relaciones homosexuales en la Antigüedad y, por la otra, la absoluta ignorancia de la cuestión entre el gran público. El caso es que el dúo Miller/Snyder está aquí malinterpretando varios conceptos clásicos: por una parte, que los griegos etiquetaran a los persas de «afeminados» no tenía relación alguna con su orientación sexual, sino con atributos considerados por ellos como femeninos —como serían la cobardía en combate, el gusto por la vida regalada y el lujo, la belleza juvenil o la procedencia oriental, ninguno de ellos necesariamente ligado con la mujer en sí—, y por otra el hecho de que, si bien no conocemos la orientación sexual de Jerjes, lo más probable es que fueran todos y cada uno de los viriles hoplitas espartanos que murieron en aquella batalla los que sí tuvieran experiencias homosexuales a lo largo de su vida.

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