La «domus» del Chao ya asoma

Mercedes Marqués | Oviedo www.lne.es 05/11/2006

La riqueza ornamental y la calidad constructiva de la casa indican la presencia en la zona de un alto dirigente de la administración imperial.
A medida que avanzan las excavaciones arqueológicas en el Chao Samartín (Grandas de Salime), queda más patente la importancia de la presencia de Roma en Asturias y la convivencia que se estableció con los anteriores moradores de esos territorios después de las guerras cántabras (27 a 19 antes de nuestra era).

La evidencia más elocuente de la influencia romana en la zona es la «domus» del Chao Samartín, un grandioso edificio de 300 metros de planta y nobles materiales que poco a poca va desenterrando el equipo arqueológico dirigido por Ángel Villa. La mansión no deja de sorprender a los propios investigadores por la monumentalidad de sus estructuras constructivas en un medio en el que las cabañas castreñas eran hasta ahora las protagonistas del recinto amurallado.
La intensificación de los trabajos en los últimos meses ha sacado a la luz lo que consideran sólo una quinta parte de la superficie del edificio romano, pero es suficiente para comprender que la «domus» del Chao era una mansión con todas las características de una casa señorial levantada siguiendo los cánones del Imperio. Es, además, la primera villa romana del siglo I excavada en Asturias, ya que, si bien se tiene conocimiento de otros edificios similares en distintos puntos de Asturias, éstos responden a momentos más tardíos.
Lo que ahora ha quedado al descubierto en el castro grandalés es lo que en su día fueron los sótanos, muros de 2,30 metros de altura por 70 cm de ancho que dividen las amplias estancias, organizadas en torno a pasillos y un patio central columnado.
La «domus», situada en el flanco Norte, está adosada a la parte interna de la muralla que protegía el poblado y a escasos metros de las cabañas de pizarra que desde ocho siglos antes venían ocupando los habitantes de la zona, construcciones primero de planta redonda que fueron aumentando en tamaño y altura a medida que la actividad metalúrgica derivada de las explotaciones auríferas convertía el Chao Samartín en un poblado rico y próspero.
Ese lugar a orillas de la vía romana que unía Lucus Asturum (Lugo de Llanera) con Lucus Augusti (Lugo) fue adoptado por los romanos para desarrollar allí una ciudad populosa surgida a partir de la transformación de las viejas estructuras castreñas. El Chao Samartín debió ser a mediados de la primera centuria la capital aurífera de la zona, lo que incluía una amplía representación militar y administrativa que fijó allí su residencia.
Prueba de esa transformación es la casa señorial que ahora se excava, cuya construcción genuinamente romana ignora del todo la tradición local. Los sótanos, que asoman en los terrenos donde hace pocos meses se extendían las praderías locales, dan una idea de las dimensiones de esta «domus», cuya ornamentalidad y enorme calidad técnica permite intuir a los investigadores la presencia de un edificio propiedad de una familia de alto nivel adquisitivo.
Su apogeo coincide con las décadas que definen la tutela militar en este lugar durante el Imperio. En ese momento, el Ejército romano desarrolla un papel importante, pero a partir del siglo I serán las élites locales, elevadas casi a una categoría aristocrática, las que se van a encargar de ejercer la autoridad en toda la zona.
Abandonada a finales del siglo I, varias décadas antes que el resto del poblado, la «domus» fue sometida a un intenso expolio, como lo prueba la abundancia de materiales de su procedencia que se han podido constatar reutilizados en algunas viviendas vecinas. El expolio ha impedido únicamente salvar los materiales que fueron quedando ocultos bajo los derrumbes, la maleza y la basura acumulada durante décadas. Siglos después, parte de ese lugar fue utilizado, como ocurrió con otras villas romanas, para albergar una necrópolis medieval con abundantes tumbas de lajas.
Las villas eran, en los primeros siglos de nuestra era, establecimientos rurales típicamente romanos dedicados a la explotación agropecuaria, en los que destacaba un edificio principal, residencia de algún alto funcionario con mando en plaza.
En el caso de la «domus» del Chao Samartín, queda claro por dimensiones y materiales que se trataba de un alto dirigente. Aun teniendo en cuenta que solamente ha podido desenterrarse una mínima parte de su superficie, la villa presenta unas características que la alejan de otras construcciones similares localizadas en Asturias, instalaciones modestas de planta rectangular con corredor. Por contra, la casa del Chao se acerca más a las residencias rurales, que se distinguen por un alto grado de lujo y refinamiento, como las localizadas en las riberas de algunos ríos castellanos.
Buen conocedor de las características constructivas de la época romana, Ángel Villa describe, a partir de los restos que han comenzado a asomar, cargas murales generalizadas, estucos, molduras y pinturas, es decir, todo un programa ornamental de alto nivel al que se aplicaron todos los lujos del momento. Las pinturas, realizadas al fresco sobre bocetos previamente burilados, reproducen los motivos de moda y representan elementos vegetales y geométricos y en ocasiones texturas que se asemejan al mármol.
Todo indica que se trata de un edificio romano dotado de todas las características de una villa señorial del siglo I, en la que no podía faltar un sistema de calefacción, fundamental en una zona donde las nevadas están presentes durante prácticamente todo el invierno. En la «domus» se han conseguido salvar del expolio las pilas de ladrillo de 22 centímetros de lado («pilae») que constituían la base del sistema de hipocausto utilizado para calentar las habitaciones. El funcionamiento de este sistema de calefacción, como se puede observar en las termas del Campo Valdés, en Gijón, se genera en un hogar, a partir del cual el aire caliente circula bajo el suelo de la habitación y se extiende a las plantas superiores por medio de una sucesión de tubos de ladrillo («tubuli») que suben por la pared engarzados unos en otros en forma de tubería. Estos «tubuli», que presentan huecos laterales, fueron encontrados en gran número entre los restos de la «domus».
El hipocausto, del que quedan como testigo las pilas de ladrillos en las que en muchos casos se apoyaban los arquillos típicos de las termas, que sujetaban el suelo de las habitaciones, servía también en las villas romanas para calentar las estancias termales o zonas de baño.
La habitación en la que se localizaron las «pilae» del hipocausto limita con la parte de la casa que está aún por excavar. Se supone que bajo ese terreno, listo para abordar en años sucesivos, se encuentran estancias importantes de la residencia, como serían precisamente las zonas termales. Es impensable que un edificio de estas características y de la riqueza ornamental que presenta la casa del Chao no incluya el espacio de baños y sauna característico de las viviendas señoriales romanas, como se ha podido constatar en otros restos de villas localizadas en distintos puntos geográficos de Asturias.

Zonas termales
Esas zonas termales se suponen en la villa, pero el rigor de los arqueólogos les impide adelantar acertadamente acontecimientos hasta que sea la propia investigación la que permita dar a conocer su existencia. No obstante, es preciso decir que en el Chao hay documentada una sauna castreña cuya función se inició a comienzos del siglo IV a. C. Fue transformada en época romana y se mantuvo en uso hasta la destrucción del poblado, durante el siglo II d. C.
No es menos probable que bajo la capa vegetal que ahora se extiende junto a las ruinas se ubique la continuidad del patio columnado, que ahora deja asomar sólo una pequeña parte de su superficie, con la presencia de columnas y capiteles típicamente romanos, ya en restauración.
La «domus» vincula definitivamente la presencia de Roma en el extremo occidental de la Asturias trasmontana a los abundantes y ricos yacimientos auríferos de la zona, de gran interés para el Imperio. En ese momento, el castro transforma su origen defensivo para alcanzar la condición de poblado abierto y próspero, dependiente de la estructura administrativa impuesta por Roma.

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