«Por Hygea...»

www.abc.es 18/11/2006

La Medicina, tal como la entendemos hoy en día, y la Religión, son realidades poco o nada diferenciadas en la antigüedad.

Los médicos griegos atraídos por la proverbial fama de la medicina egipcia viajaron hasta ese país para estudiar en él sus avances. Hipócrates, Teofrastro, Dioscórides y Galeno son los más conocidos de todos ellos y nuestros antecedentes médicos más prestigiosos con nombre y apellidos propios.

Recordemos, al respecto, la claridad y profundidad de ideas que se tenían en medicina 500 años antes del nacimiento de Jesucristo y que queda reflejado en el juramento de Hipócrates, algo que contrastará radicalmente con las ideas que se desarrollaron e impusieron en la Alta y Baja Edad Media sobre la enfermedad y su forma de curarla: «Juro por Apolo, el médico, y por Asclepio, Higea y Panacea y demás dioses y diosas, y los invoco como testigos, que prescribiré tratamientos y curas con el mejor saber de mi ciencia y conciencia, para el bien del enfermo, y nunca para fines ilícitos o perjudiciales; jamás me dejaré inducir a administrar drogas venenosas ni haré sugerencias en este sentido; ni aplicaré pesarios a las mujeres para causar abortos. Viviré y trabajaré con pureza y devoción. Me abstendré de toda clase de prejuicios deliberados, así como de cualquier tipo de corrupción, especialmente de relaciones sexuales con mujeres y hombres, libres o esclavos. En cualquier situación que me encuentre, en mi práctica médica o fuera de ella, todo lo que pueda escuchar sobre otros y no deba hacerse público, será para mí un secreto inviolable...». Asclepio es el dios de la medicina romana, que a su vez equivale al dios griego Esculapio y al egipcio Imhotep. Sus hijas eran Hygea (salud) y Panacea (curación).

En los pueblos antiguos se plantean muchas ideas acerca del origen de la enfermedad, pero la del rapto del alma es, con mucho, la predominante, acompañada en otros casos de las posesiones por malos espíritus y los hechizos; lo que llamamos comúnmente «mal de ojo». Lo que nos lleva a pensar que la Medicina, tal como la entendemos hoy en día, y la Religión, son realidades poco o nada diferenciadas en la antigüedad. De los conceptos más o menos científicos que sostenían los egipcios y sobre todo los griegos y los romanos, con la caída del Imperio Romano, se vuelve a considerar que la enfermedad es consecuencia del pecado y por tanto, salvo excepciones, no se busca los orígenes de la enfermedad en el mismo cuerpo sino en el pecado.

Lo curioso es comprobar cómo grandes descubrimientos coincidían en el tiempo, como ahora, con creencias absolutamente estúpidas, como la de los que sostenían que los corderos nacían de la hierba o los que pensaban que algunas frutas al caer al agua se convertían en peces. Otra curiosidad es la famosa Carne de momia, que formaba parte de medicamentos destinados a vencer la epilepsia, los vértigos, las parálisis, y otras enfermedades del sistema nervioso. La carne de momia era un producto carísimo y que fue falsificado sistemáticamente durante siglos por los alquimistas, comerciantes, drogueros, embaucadores, etc, sometiendo a otros cadáveres, no necesariamente humanos, a procesos de embalsamamiento, sazonados con betún de judea, resinas, mirra, áloes y otros cuerpos aromáticos, para hacerlos pasar por auténticos... Otra de las joyitas de la corona es la llamada Piedra bezoar, que no es otra cosa que cálculos encontrados en el estómago e intestino de algunos animales, generalmente herbívoros (ciervos).

Según la tradición se recogían tras caerse de los lagrimales de los ojos de estos animales en contacto con el agua de los ríos cuando iban a beber. Por supuesto que estos productos, aunque hubieran existido o hubieran sido auténticos, poco o nada hubieran hecho por aliviar el sufrimiento de los enfermos... Otra prenda es el llamado Polvo de Cuerno de unicornio, con el que se han tratado de diversas dolencias hasta reyes muy creyentes... Una vez más nos tropezamos con los conceptos y sus peculiares maneras de ser entendidos y aplicados... Por supuesto que hoy no nos van a dar gato por liebre y menos bajo la atenta mirada de un microscopio, pero, por si caso, desconfíen de los que miran las radiografías al revés y ven en ellas entes y símbolos extraños...

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