Por su interés, culturaclasica.com reproduce este artículo

23-03-2003

ÍÑIGO DOMÍNGUEZ, Ideal, Granada

Tortas imperiales
Seis de los centuriones que captan turistas en el Coliseo de Romase enzarzan en una pelea que acaba con tres de ellos en el hospital

Más de un turista japonés pensaría que formaba parte del espectáculo, pero la reyerta que protagonizaron el jueves seis falsos centuriones romanos frente al Coliseo fue totalmente improvisada. De ahí su realismo. Es una pena que por una vez no pudieran cobrar el show, porque, frente al poco convincente aplomo marcial con el que tratan de embaucar a los turistas para que se fotografíen con ellos, la escena del otro día estuvo por fin a la altura de sus uniformes.

Parece que el origen de la disputa fue el reparto de puestos, aunque algunos colegas hablan de problemas personales. El caso es que, ante el asombro de la multitud que abarrota la explanada del anfiteatro, se dieron de bofetadas con espadas, escudos y todos los arreos. Cuando llegaron los Carabinieri, tres salieron por piernas, para deshonor de sus armaduras, y otros tres acabaron detenidos. Sin embargo, debido a los golpes recibidos, fueron llevados al hospital.

Los centuriones son unos currantes que se ganan la vida en Roma disfrazados de soldado o gladiador del César. Su jornada laboral es la misma que la de los turistas, es decir, nieve, granice o abrase el sol, se plantan desde el alba en torno al Coliseo. Luego se pasean por ahí a la caza de visitantes con toda la dignidad posible, pese al aspecto avejentado y a veces ridículo de sus indumentarias. Con ese estilo inimitable de muchos italianos para la persuasión, convencen a su víctima para que se fotografíe con ellos. Aunque parezca increíble, a gran número de japoneses les encanta la idea. Claro que después llega lo bueno. Cuando el turista, agradecido y conmovido por la amabilidad del nativo, se dispone a seguir su camino, es retenido para que done una generosa aportación a la causa.

Clavadas

Las clavadas suelen ser de abrigo, hasta tal punto que el Ayuntamiento decidió poner un poco de orden y regular el asunto. Una normativa municipal estableció las zonas de trabajo y un uniforme standard. También prohibió las armas auténticas, porque un día uno de los legionarios exhibía tan tranquilo una espada de 70 centímetros, que fue confiscada inmediatamente por los Carabinieri.

En cuanto a la tarifa, la cosa estaba en 5.000 liras, menos de 500 pesetas, pero el sutil arte del redondeo lo ha transformado en ¡5 euros!.

 

en culturaclasica.com

en toda la Web

 

Enlaces relacionados

 
 

 

| quienes somos | colaborar | publicidad | estadísticas | contactar | patrocinadores |

©Agamador & Tiresias. 1999-2003. Todos los derechos reservados. Todas las imágenes que aparecen en estas páginas son propiedad de culturaclasica.com o han sido tomadas de internet.