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05/01/2004

Aida R. Agraso ●www.diariodecadiz.com

Doce enterramientos, dos pozos y tres piletas en Trille

La excavación del solar situado en la esquina de la avenida Juan Carlos I depara el hallazgo de ajuares y permite observar la organización de las necrópolis romanas

CÁDIZ. El interés arqueológico del solar situado en la calle Trille, esquina a la avenida Juan Carlos I, ha ido creciendo conforme avanzaba su estudio. A las cinco tumbas de épocas tardopúnica y romano-republicanas aparecidas en un principio, se han venido a sumar otras siete, dos pozos y tres piletas, además de diversos ajuares -con anillos, pendientes y collares- y ungüentarios. Pero, a la par, la excavación ha permitido ver "perfectamente" el patrón organizador de las necrópolis romanas, según destacó el director de la investigación, el arqueólogo Ignacio Córdoba.

Las doce tumbas halladas corresponden a la misma fecha: finales del siglo III a.C y comienzos del II a.C. Los enterramientos estaban alineados, "dispuestos en una fila o calle que atraviesa el solar en la parte central", indica el arqueólogo. Se ve, por tanto, que el territorio estaba "absolutamente organizado", algo que ya se pudo constatar, explica Córdoba, en otros solares estudiados, y en concreto en uno situado en las cercanías del terreno actualmente excavado. "Es una necrópolis regulada, no se entierra de forma caótica", continúa diciendo el director.

Ignacio Córdoba comenta además que a la izquierda y derecha de esta calle de enterramientos no se localiza ninguno más, "todos se concentran en esa fila orientada hacia el noroeste-sureste, hacia la salida y la puesta del sol, algo común en esa época. La cabeza siempre está colocada más o menos hacia el oeste, y los pies hacia el este, la salida del sol; se describe así el orto y el ocaso".

Junto a estas tumbas se han localizado algunas estructuras, como tres piletas revestidas con opus signinum usadas en rituales funerarios y para la purificación posterior de los intervinientes en ellos. También aparecieron dos pozos relacionados con estas piletas. "Uno de ellos es romano, y se ve que es un pozo que llega hasta la época de Augusto, en el cambio de era, mientras que el segundo es más peculiar porque es de época bárcida, en la de Aníbal, hacia el siglo III a.C.". Este pozo presenta una estratificación. En principio, hay "materiales anfóricos muy claros, ánforas locales maña-pascual A4 evolucionadas y de otras de importación, norteafricanas y de Cartago", que, dice Ignacio Córdoba, "fechan muy bien el pozo en esa época". Debajo aparecían restos de pescado y, al fondo, los de un individuo adulto y los de un ave, posiblemente depositados allí en un tipo de ritual.

El arqueólogo añadió que en las tumbas -todas inhumaciones en fosas simples excavadas en rocas- se localizaron ajuares. El más rico incluía dos pendientes amorcillados de láminas de oro con el alma de cobre, y un anillo de chatón plano de cobre. "Lo más destacado es un collar de piezas con cuentas de cornalina roja, con las que se entremezclan una cuenta esférica de oro y otras dos con forma de huso y decoración estriada". Igualmente, había ungüentarios de pie corto, algunos decorados con una banda de pintura. Todos estos materiales se encuentran custodiados por los expertos.

Es, en resumen, una excavación interesante, con unos restos que definen muy bien la época en la que creció esta necrópolis.

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