en culturaclasica.com

en toda la Web

Practica el latín vivo (descargate las dos revistas en latín. formato pdf)

 

Chat en latín

 

Por su interés, culturaclasica.com reproduce este artículo

26/01/2004

Romualdo Izquierdo ● www.elmundo.es/cronica

Sexo en la antigua Roma
¿Eran los romanos unos depravados?
Hasta hace 10 años, el sexo entre dos hombres que muestra la copa Warren se consideró demasiado explícito para ser expuesto en un museo.

El sexo en la antigua Roma es el anterior al de la culpa cristiana y puritana. Y todos los romanos de los dos primeros siglos de nuestra era, ya fueran ricos o pobres, exhibían con orgullo en sus hogares imágenes que hoy en día nunca expondríamos a la vista, al considerarlas pornográficas. ¿Por qué mostraban con orgullo su arte erótico en público? ¿Quién hacía qué, a quién y por qué? ¿Cuáles eran las reglas del juego sexual? ¿Y las de las relaciones heterosexuales y homosexuales? John R. Clarke, catedrático de Historia del Arte en la Universidad de Texas y una autoridad de renombre internacional en el estudio de la civilización romana, intenta responder a éstas y muchas otras preguntas en Sexo en Roma (Editorial Océano), un provocativo trabajo que muestra las diferencias que existen entre nosotros y los antiguos romanos en materia sexual.


En la Roma clásica, el buen sexo, bajo todas sus formas, era un precioso regalo de los dioses. Y, quizá por ello, estigmatizaron muchas menos prácticas sexuales que en nuestra época. «Si el sexo era una gracia que condecía Venus, ¿qué sentido habría tenido castigar a la gente por disfrutar de él?», argumenta el autor, que analiza en el libro un gran número de piezas de contenido sexual descubiertas entre las ruinas de Pompeya y Herculano, así como pinturas, esculturas y vasijas ocultas hasta hace muy poco en los distintos «museos secretos» del mundo.

Uno de ellos, el Arqueológico Nacional de Nápoles, mantuvo cerrado al público hasta hace tres años el llamado «gabinete secreto», una sala en la que se almacenaron durante casi 250 años objetos o pinturas murales de alto contenido sexual que se iban extrayendo de las ruinas de Pompeya, sepultada por las cenizas del Vesubio en el año 79 de nuestra era. Y entre lo que se ha conservado, hay dibujos que, al igual que el Kamasutra, muestran con detalle el acto sexual en todas sus posturas. «En las casas de los poderosos de entonces había pinacotecas y en ellas no faltaban pinturas eróticas que transmitían lecciones sexuales», mantiene Clarke.

«CARPE DIEM»

Hasta que el emperador Constantino (315 d.C.) convirtió al cristianismo en religión de Estado, muchos romanos hicieron suyo el grito del poeta Horacio carpe diem (¡goza de este día!). Y así, siempre según el autor, el hecho de alcanzar el éxtasis con alguien hermoso, ya se tratara de un hombre, de una mujer, de un adolescente o de un adulto, se concebía como un don de los dioses y uno de los momentos más importantes de la vida. Por ello, tan sólo regulaban el sexo en la medida en que pudiera suponer una amenaza para las instituciones de la elite, un 2% de la población de la Roma precristiana.

Poseer esclavos, hombres y mujeres, para satisfacer los caprichos sexuales y que éstos convivieran bajo el mismo techo que la esposa legal era una costumbre muy arraigada entre los patricios. En términos legales, se trataba de sexo entre el propietario y su propiedad y, por tanto, todo estaba permitido, aunque el esclavo fuese menor de edad. «Teniendo en cuenta que un joven o una joven especialmente agraciados costaban entonces lo que cuesta un coche de lujo hoy en día, no mantener relaciones sexuales con los esclavos sería como comprarse un Mercedes y no conducirlo nunca», apostilla el autor.

En la mentalidad romana, el sexo entre hombres no estaba mal visto y se consideraba aceptable que un ciudadano libre de la elite introdujera su pene en el cuerpo de otro, ya fuera hombre o mujer. Lo que realmente importaba era que la otra persona perteneciera a una clase social inferior. Y mientras la posición activa o penetradora no era objeto de crítica, los romanos solían despreciar e incluso penalizar a los ciudadanos libres que consentían en adoptar la pasiva o receptiva. Por ello se marginaba a los esclavos o a los libertos, ya que se suponía que habían sido utilizados por sus amos, es decir, penetrados por ellos.

Sin embargo, en la cultura romana antigua no existía nada parecido a nuestra noción contemporánea del hecho lésbico. En las pocas ocasiones en las que los autores romanos hacen referencia al coito entre dos mujeres, suelen referirse a una de ellas como a un monstruo contranatura que penetra a su pareja con un pene artificial.

La prostitución masculina era legal y sus profesionales pagaban impuestos e incluso celebraban su propia festividad, como las prostitutas. Pero mientras ellas solían ser de clase baja y ofrecían sus servicios a precios módicos, ellos se vendían por cantidades elevadas y conseguían amasar cierta riqueza. Tanto cobraban que hasta el moralista romano Cato se lamentaba de que sus conciudadanos se prestaran a pagar por un prostituto la misma cantidad de dinero que les habría costado una granja.

Sin embargo, sería un error concluir que los romanos no tenían tabús ni restricciones sexuales. Prácticas como la felación, el cunnilingus, el sexo entre mujeres y el sexo en grupo estaban prohibidos. Pero ya se sabe que el tabú conlleva un placer adicional, el que provoca la trangresión de la norma. Y quizás ésta sea la razón por la que en la antigua sociedad romana existía una demanda tan elevada de imágenes que mostraban a gente saltándose las reglas. Éste es, al menos, el razonamiento de John R. Clark, que explica así el abundante material sexual encontrado en pinturas, vasijas, amuletos y otros objetos analizados.

La felación, ya fuera practicada por un hombre o una mujer, convertía a su ejecutor en culpable y el cunnilingus también sumía en el descrédito a la impura boca de la persona que lo practicaba. Además, de acuerdo con la jerarquía romana de la degradación sexual, un hombre sospechoso de haber estimulado oralmente el clítoris de una mujer caía en mayor desgracia que uno que fuera penetrado por otro hombre. Se los marginaba socialmente, imponiéndoles el estatus legal de infame, el mismo del que eran objeto las prostitutas, los gladiadores y los actores, y que les impedía votar y representarse a sí mismos ante un tribunal.

AMULETOS

Aunque actualmente nuestra cultura asocia cualquier exhibición de los genitales masculinos con la obscenidad y la pornografía, para los antiguos romanos constituía un deber poner falos a la vista allí donde acechara un peligro. Y eran muy creativos a la hora de producir piezas de artesanía en forma de pene que, además, funcionaban como amuletos de la buena suerte. Colocados estratégicamente en calles, tiendas, casas, termas o tumbas servían para ahuyentar a los malos espíritus.

En cuanto al tamaño ideal del pene, tal y como puede observarse en todo el arte visual griego y romano, éste suele ser pequeño y, por lo mismo, los penes grandes no se consideraban de tamaño adecuado. Por ello, cuando los artistas o los escritores quieren acusar a alguien de cometer excesos, a menudo le representan como un amante de los penes grandes.

Si algo revela la exploración de los entresijos del arte erótico romano, mantiene el autor, es que no podemos aplicarle nuestra propia concepción de lo que es pornográfico o pecaminoso. Los romanos no poseían ningún concepto parecido al de pornografía, sino que su representación del sexo -ya fuera escrita o visual- obedecía al simple placer de disfrutarlo. El sexo era algo natural y hablaban abiertamente sobre él, hasta el punto, incluso, de exhibir con orgullo sus pinturas, su platería y hasta sus humildes vasijas de terracota con todo el abanico de prácticas sexuales imaginables.

A los antiguos romanos, y con ellos a todo el mediterráneo de los dos primeros siglos de nuestra era, el sentimiento de culpa que actualmente solemos asociar con el goce sexual les habría resultado absurdo y raro. Toda una lección, según el autor, para quienes habiendo crecido a la zaga de un siglo que empezó con Freud lo terminamos con el escándalo Clinton-Lewinsky. Y es que, aunque nos creamos liberados, nuestra concepción del sexo sigue siendo aún muy estructurada.

Current Date/Time 2

Enlaces relacionados

 
 


quienes somos| colaborar | publicidad | estadísticas | contactar | patrocinadores

©Agamador & Tiresias. Asociación cultural CULTURACLASICA.COM
asociacion@culturaclasica.com