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18/05/2004

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'Fedra', de Racine, llega a Madrid de la mano de la Compañía Nacional de Teatro Clásico

La obra ha visitado con éxito Barcelona, Gerona, Lisboa, Almagro y Sagunto.

La 'Fedra' de Racine, según la traducción de Rosa Chacel y adaptada para la escena por Eduardo Mendoza y Pere Gimferrer, una tormenta de pasiones, llega hoy al madrileño Teatro Pavón, sede provisional de la Compañía Nacional de Teatro Clásico (CNTC), en donde estará hasta el 6 de junio. El montaje ya estuvo en el Grec de Barcelona, en el Festival Temporada Alta de Gerona, en Lisboa, en su Festival de Almada, en Sagunto Escena y el verano pasado en el Festival de Teatro Clásico de Almagro (Ciudad Real).

Joan Ollé dirige este montaje estrenado hace dos años en Perpiñán y protagonizado, en sus principales papeles, por Rosa Novell, Lluis Homar, Joaquín Hinojosa, Angels Poch y Gonzalo Cunill.

Un montaje que fue primero en catalán y ahora, por vez primera, en castellano, y que ha estado antes en el Grec de Barcelona, en el Festival Temporada Alta de Gerona, en Lisboa, en su Festival de Almada, en Sagunto Escena y el verano pasado en el Festival de Teatro Clásico de Almagro (Ciudad Real). "Los personajes cambian también cuando se cambia la lengua", cree Rosa Novell.

Desde que Eurípides, en el siglo V antes de Cristo, llevara a escena este mito griego, muchos han sido los autores que a lo largo de la historia han hecho hablar a Fedra sobre los escenarios. Séneca, D'Annunzio, Unamuno o Salvador Espriú son, además de Racine (1639-1699), algunos de esos autores que han escrito sobre esta "tragedia de la culpa", como habla de ella el actor Joaquín Hinojosa, que da vida a Teseo, el hijo de Egeo y Rey de Atenas.

A Rosa Novell, según comentó en conferencia de prensa, le gusta más la 'Fedra' de Racine que la de Eurípides "porque es una mujer buena y mala a la vez, una mujer en permanente conflicto. La de Eurípides es sólo mala, mientras que a Racine le parecía que una princesa no podía ser solamente así, le parecía vulgar".

En la obra de Racine, Fedra espera el regreso de Teseo, su esposo, ausente desde hace tiempo, obsesionada por el amor que siente hacia Hipólito, su hijastro, una pasión que ella misma entiende ilegítima y que intenta dominar.

Ante la noticia de la muerte del esposo, Fedra declara su amor a Hipólito, enamorado a su vez de Aricia, que la rechaza con violencia. Cuando Teseo aparece vivo, destierra a su hijo al creer como cierta la mentira del aya Enona, que acusa a Hipólito de violación con el consentimiento de Fedra, que acabará confesando la verdad.

"Fedra -dice Rosa Novell- es una especie de catedral de la palabra, tan bella. Es como un edificio gótico. Sólo el hecho de desear ya le parece pecado. Hoy, cuando no hay ética en los comportamientos, su actitud nos podría parecer ridícula, pero ella sabe lo que está bien y lo que no".

A Joan Ollé si hubo algo que le preocupó cuando él y Rosa Novell decidieron iniciar esta aventura artística fue "la forma de resolver este gran artificio que es el verso", en este caso alejandrinos. "Si los actores hablan en verso, debían moverse en verso. Si hablan diferente a nosotros, no podían moverse como nosotros", comenta.

Por eso trabajó desde la inmovilidad de los actores, "la voz de las estatuas", que aparecen al comienzo de la representación de frente al fondo del escenario y que sólo "al final de la carrera" llegan al proscenio. "Todos hablan consigo mismos, no con los otros. Es un ritual para actores hipnotizados, sueño polifónico, pesadilla", ha escrito Ollé.

"La palabra -afirma el director- es también quietud. Hemos buscado la secreta armonía entre la voz y el gesto, bailar el alejandrino. Nuestro espectáculo es un musical en el que ni se canta ni se baila. Si el verso es artificio del lenguaje, había que buscar artificio para el movimiento".

Para Joaquín Hinojosa lo fundamental del montaje no es tanto esa quietud "como el hecho de que recurra a lo esencial del teatro: hablar a los hombres sobre los hombres. Intentamos retornar a las esencias, la palabra al desnudo, el movimiento como contención. El público se dará de frente con una obra sin reposo, llena de pulsiones y pasiones en constante choque".

Joan Ollé cree necesario "volver siempre a las palabras de los mejores", de los autores clásicos, "para que no se olviden nunca", y entre los mejores sitúa a Racine y a su 'Fedra', un mito que, dice, "no ha envejecido nada, o casi nada".

La 'Fedra' de Racine es una obra escasamente representada en España, a pesar de que su autor, dice Ollé, "es inmensamente más moderno que Shakespeare. Con muy pocas fichas crea muchas tensiones".

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