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08/01/2005

Pedro Fernández ● www.hoy.es

Guareña: La primera industria de la localidad la promovió un romano emeritense
El arqueólogo Francisco Javier Heras expone los resultados las prospecciones arqueológicas del 'Pozo de la Cañada' a partir de un informe de José Ramón Mélida del año 1925.

Las excavaciones que se están llevando a cabo en el paraje conocido como 'Pozo de la Cañada' en el término municipal de Guareña desde agosto de 2004 se inscriben en una intervención de urgencia ante el desarrollo de las obras que la Consejería de Agricultura y Medio Ambiente tiene proyectadas sobre la dotación de infraestructura hidrológica y viaria de la recién concluida concentración parcelaria.

Desde 1992 se han acometido diferentes actuaciones de infraestructura en el sector VIII del canal del Zújar, viéndose afectados distintos yacimientos a lo largo de los varios de hectáreas que contempla el proyecto de regadíos como consecuencia de las obras. Uno de esos enclaves es el citado 'Pozo de la Cañada', gravemente afectado entonces por las zanjas para las tuberías y la construcción de las pistas de la nueva red primaria.

En este mismo año se inició un proyecto de evaluación arqueológica financiado por la Consejería de Agricultura y Medio Ambiente de la Junta de Extremadura. Permite, de un lado, valorar el daño ocasionado por el desarrollo de las obras, y por otro, documentar científicamente y analizar aquellas partes del yacimiento que fuera preciso desmontar para continuar con el diseño del plan de regadíos.

El arqueólogo Francisco Javier Heras Mora, encargado de los trabajos, ha obtenido los primeros resultados de los hallazgos realizados entre agosto y noviembre del pasado año, que permitieron afirmar la existencia de un complejo asentamiento de época romana hasta la Edad Media.

Ya se tenían datos sobre un importante yacimiento de este periodo antiguo gracias a las excavaciones que a comienzos del siglo XX había realizado José Ramón Mélida, publicadas en 1925.

El maestro descubrió «parte del sector más monumental de una villa romana, cuya ubicación hoy es desconocida, a pesar de que por los restos de mosaicos y mármoles que afloran a la superficie con las labores agrícolas se pudiera intuir próxima al área que ahora se ha excavado», afirma Heras.

Actividades industriales

Los trabajos llevados a cabo desde el pasado verano han sacado a la luz los restos de dos edificios, cuyas características constructivas y los objetos cerámicos recogidos permitieron encuadrarlos en el periodo romano.

Del primero de ellos se distinguen varias estancias pavimentadas y diversos depósitos para contener líquidos y productos sólidos, «que debieron tener que ver con el trabajo de la consecución del aceite», afirma Heras.

Esta interpretación se refuerza por el hallazgo de un gran contrapeso de prensa olearia y la aparición sobre el suelo antiguo de restos de desperdicios de aceituna fosilizados.

Del segundo edificio, explica el arqueólogo, se comienzan a intuir elementos propios de un lagar o fábrica de vino. «Estas actividades industriales -asegura- pertenecerían a una explotación agraria, cuya propiedad se encontraría en manos de un adinerado ciudadano romano que quizás viviera en Augusta Emerita, a unos 15 kilómetros, y pasara temporadas en sus dominios rurales (hoy 'Pozo de la Cañada')».

Del tamaño de las construcciones, de la extensión de los suelos y del elemento de prensa encontrado se deduce el relevante volumen de producción del complejo industrial.

Lo descrito por Mélida como restos de una lujosa casa romana correspondería, deduce Francisco J. Heras, «a la 'domus' o residencia del señor, auténtico centro de la villa, donde existieran también otras instalaciones, quizás aún conservadas bajo tierra, como cuadras, talleres o las propias termas o baños», dice.

Aldea alto-medieval

Al margen de estos hallazgos, en el transcurso de las excavaciones han aparecido restos en peor estado de conservación que parecen tratarse, según Heras, de un pequeña casa o granja, fechada en torno al siglo VIII o IX.

«Estas construcciones, de una pequeña propiedad familiar, debieron formar una pequeña aldea de viviendas dispersas que marcarían el final del asentamiento romano en el Pozo de la Cañada», asegura el arqueólogo.

Los análisis de las muestras y el estudio de los objetos se encuentra aún en proceso de conclusión. De estas intervenciones, aún por terminar a falta del seguimiento arqueológico de las obras, quedará un prolijo registro fotográfico, una detallada planimetría y una secuencia estratigráfica, histórico-cultural y arquitectónica logradas, no ya por la profesionalidad de este arqueólogo, sino también por el interés que siempre mostró excavar en este lugar del término guareñés.

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