en culturaclasica.com

en toda la Web

Practica el latín vivo (descargate las dos revistas en latín. formato pdf)

 

Chat en latín

 

Festival Sagunt a escena

YO, CLAUDIO
Vicente Adelantado Soriano

Afortunadamente en el festival Sagunt a escena todos los veranos tenemos una obra o dos que vale la pena ver. No es mucho en este desierto cultural, pero menos da una piedra. Algún día tal vez el teatro clásico sea algo tan normal y corriente como los partidos de fútbol o las discusiones sobre las relaciones, sexuales, matrimoniales extraconyugales, de los famosos y los famosillos. Entre tanto nos tenemos que conformar con obras montadas aprisa y corriendo para hacer el recorrido veraniego o con genialidades de quien busca la forma sin llegar al fondo de las cosas. Hablamos de personajes y de teatro.

Resulta gratificamente, por todo ello, tropezarse con una obra que, siendo clásica, estando basada en el mundo que va de maravilla para los teatros romanos, se monta sencillamente buscando la verdad, dejando a los personajes que hablen, como personas, y nos cuenten y nos digan sus historias y sus razones. Resulta muy gratificante oír a alguien sobre un escenario porque ese alguien tiene algo que decir, y nadie, ni directores magníficos, ni gritos espeluznantes, se lo van a impedir.

Y el reto era grande, porque sacar de la novela de Robert Graves una obra de teatro supone escoger o coger aquello que es susceptible de subir a la escena, sin olvidar lo imprescindible, y hacerlo carne. Creemos que J. L. Santos ha supero el reto con creces. Nada que decir del dibujo de Claudio, hombre contradictorio, débil unas veces, inteligente otras, que aprovecha sus defectos para sobrevivir, o sobrevive gracias a ellos, pero que también se equivoca, como todos, y tiene sus debilidades, como el común de los mortales. Una de las grandezas del texto es que jamás se cae en la apología o en el largo y farragoso discurso: es una obra de teatro perfectamente ensamblada donde la palabra y el diálogo adquieren toda su importancia.

Yo, Claudio es, al mismo tiempo, un montaje moderno. Se advierte en la proyección sobre el escenario poco antes de comenzar la obra. Y comenzada ésta, en los labios de la Sibila, o en la imagen del propio Claudio, agrandada sobre la pantalla. La de Claudio es una imagen que se proyecta en tiempo real, en tanto se está desarrollando la acción. La imagen de Claudio está por encima de su realidad, la absorbe aunque sólo sea por tamaño. Pero imagen y realidad, en este caso coinciden, al menos en los gestos y en lo que dicen. Por tanto entendemos que esa imagen, agrandada, es quizás una concesión al público a fin de que capten todos los matices de una interpretación, verdaderamente genial, por parte de Héctor Alterio. Se prefiere, desde luego, al actor de carne y hueso, aunque no son nada desdeñables las imágenes que llegan proyectadas. En tiempo real, insistimos.

Claudio nos cuenta la historia de un hombre desdeñado por todos, y que llega a hacerse cargo del Imperio. Un Imperio al que también él desdeña, que trata de volver en República, sin darse cuenta de que los tiempos han cambiado, de que no es posible la vuelta atrás, y que poner a Nerón al frente del Imperio a fin de hacerlo odioso, a él y al Imperio, es uno de sus grandes errores. Otro es olvidar, ante Mesalina, su deformidad. Creyéndose capaz de generar amor se convertirá en un juguete en manos de su mujer. Y, cosa curiosa, será Calpurnia, una prostituta, quien le informe del estado de la cuestión. Aun cuando lo haga cuando ya no le puede devolver la vida a Appio Silano, que cae en las redes de Mesalina, que son muy sencillas: las de darlo todo por sabido, por ordenado por un emperador al que nadie se atreve a llevar la contraria. El silencio.

La obra está montada a través de un diálogo de Claudio con los senadores, unos senadores que no aparecen en escena, que acusan al viejo emperador, y ante los que él se defiende acusando a su vez. Demasiadas veces guardaron silencio, por temor o porque era políticamente correcto. No tiene desperdicio la historia que, al final, cuenta Claudio sobre el perro virtuoso y los perros que le roban las viandas que llevaba a su dueño. Esparcidas éstas el perro virtuoso come como el más vil de los canes, pues sabe que la virtud, en un mundo de malvados, no recibe ninguna recompensa sino todo lo contrario.

Es, como se puede ver, una obra actual por todas sus reflexiones sobre el poder, la moral y las contradicciones humanas. Por cierto, nada más erótico y enervante que la danza en el palacio de Calígula. Es una escena a tener muy en cuenta, pues surge por una necesidad, por la de hacer ver la corrupción de una corte y no por modas más o menos sospechosas. Qué diferencia a cuando una Antígona cualquiera o una Medea calurosa se desnuda porque alguien, que no el texto, se lo ordena a fin de despertar a un amodorrado público. En Yo, Claudio todo fluye de una forma normal y corriente. Es un buen texto potenciado por unos excelentes actores, Isabel Pintor, Encarna Paso, Paco Casares, Alicia Agut... y una más que ajustada dirección de José Carlos Plaza.

A ello se uno una sabia utilización tanto de las proyecciones como de las luces, pues todo, insistimos, al servicio de un texto que todos han sabido interpretar y hacer vibrar.

Gracias, pues, a Claudio, hemos disfrutado este verano en Sagunto de una obra de teatro que ha valido la pena. Sobre el resto, mejor corramos un tupido velo.

Current Date/Time 2

Enlaces relacionados

Programa completo de Sagunt a escena 04


quienes somos| colaborar | publicidad | estadísticas | contactar | patrocinadores

©Agamador & Tiresias. Asociación cultural CULTURACLASICA.COM
asociacion@culturaclasica.com