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torre_hercules_02.jpg (75451 bytes)FAROS ROMANOS EN HISPANIA

JUAN CUELLAR LÁZARO, España Romana, Agualarga, Madrid, 1995

Los grandes puertos marítimos de la “Hispania” romana debieron de disponer sin lugar a dudas de grandes torres con fogatas y antorchas que les servirían de faros. Pero la ausencia de citas litera­rias que los describan es casi total. Por ello hemos de recurrir a las abundantes representaciones ico­nográficas que de ellos se hacen en monedas, vasos, lucernas, mosaicos, pinturas y relieves funera­rios. El modelo mas extendido es el que tiene su origen en el faro de Alejandría, la famosa obra de Sostratos de Cnido que fue considerada una de las siete maravillas del mundo en la antigüedad y que con sus más de cien metros de altura alcanzó una gran celebridad; este modelo responde a un tipo de construcción escalonada, de tres o cuatro pisos, coronada por una cúpula de la que sale fuego o en la que puede ir instalada una estatua. Con todo, estas representaciones tienen un cierto figurativismo pues se sabe que existía una gran variedad de formas tanto en sus plantas, que podían ser, como míni­mo, circulares, cuadradas y octogonales, como en la estructura de su alzado, unas veces de paredes es­calonadas y otras verticales.

Es muy conocida la representación de un faro en una pequeña gema ovalada que, se supone, pro­cede del territorio egipcio del siglo II de nuestra era. Su estructura se compone de un primer cuerpo principal de base cuadrada en el que se abren trece ventanas alineadas de dos en dos en diagonal, lo que sugiere una escalera interior o una rampa que asciende en espiral. Sobre él se halla instalado un segundo cuerpo cilíndrico, de planta sensiblemente menor, rematado en una cúpula sobre la que cam­pea una gran estatua. Aunque, por su procedencia, se ha querido ver en este pequeño vidrio azul al fa­ro de Alejandría, los datos que tenemos de éste no responden del todo a las características del repre­sentado en la gema, hallándole un mayor parangón con lo que sabemos de nuestra torre de Hércules coruñesa.

Pero con ser el único que nos ha legado nuestro pasado romano, la torre de Hércules de “Brigan­tium” no era el faro más celebre de “Hispania”, pues parece ser que este reconocimiento le corres­ponde a la “turris Caepionis”, que estaba emplazada en la misma desembocadura del río Guadalqui­vir. El faro fue construido en el siglo II d.C. por Quinto Servilio Cepión y su nombre se conserva, se­gún todos los indicios, en la actual Chipiona. El geógrafo Pomponio Mela lo describe como una “obra maravillosa construida sobre una roca que baten las olas por todos lados”. Anterior a éste, y emplazado también en Cádiz, existió uno circular de origen púnico utilizado después por los romanos.

 

torre_hercules_01.jpg (46799 bytes)TORRE DE HÉRCULES (LA CORUÑA)

El análisis de las fuentes clásicas, tanto de geógrafos como de historiadores, nos. ha permitido sa­ber que la tribu que habitaba el occidente de la actual provincia coruñesa era la de los ártabros o arrotrevas, y a ella pertenecía la población asentada en la península en la que los romanos fundarían la ciudad de “Brigantium”, que la práctica totalidad de investigadores identifica con la actual capital co­ruñesa. Los abundantes vestigios de época romana aparecidos en su subsuelo dan fe de una ciudad muy romanizada.

Pero el legado más importante y singular que los romanos dejaron en La Coruña es el gran faro conocido como Torre de Hércules. La tradición le atribuye diversos orígenes, pero el más conocido es el que anota Alfonso X en su “Crónica General”, afirmando que fue construido por Hércules Egip­cio después de enterrar la cabeza del gigante Gerión entre sus cimientos. También este dios fundaría la ciudad vecina a la que dio el nombre de “Crunna” por una belleza de la zona con la que tuvo rela­ciones amorosas.

Dejando a un lado la tradición y dando paso a la investigación científica, el origen de la torre lo po­demos situar a comienzos del siglo II d.C. siguiendo los postulados que Hubner propuso ya en mil ochocientos sesenta y uno cuando tradujo la inscripción escrita en grafía capital romana y que se ha­lla grabada sobre una roca localizada en las cercanías del faro y que actualmente esta dentro de una pequeña casita en su plataforma superior. Dicha inscripción dice lo siguiente:

MARTI

AVG. SACR

C. SEVIVS

LVPVS

ARCHITECTVS

AEMINIENSIS

LVSITANVS EX V°

La traducción comúnmente aceptada sería: “Consagrado a Marte Augusto. Gaio Sevio Lupo, arquitecto de Aeminium (junto a la actual Coimbra), Lusitano, en cumplimiento de una promesa”. Aunque algunos autores han dudado de que la inscripción se refiera al monumento, todo apunta a favor de la relación entre ambos.

Actualmente los restos romanos de la torre se corresponden con la parte fundamental de su es­tructura interna. La planta es cuadrada y el interior se organiza en torno a un eje central cruciforme que distribuye las tres plantas en cuatro habitaciones cada una, muy altas y cubiertas con bóvedas de medio cañón construidas en opus caementicium, y a las que se accedía desde la rampa que ascendía embutida entre los dos muros exteriores. La escalera interior actual se debe a Amaro Antúnez, arquitecto del siglo XVII que hubo de perforar las bóvedas para instalarla. El sistema de engatillado de las losas de la plataforma superior ha hecho pensar a Caballero Zoreda que también sea de construcción romana.

Tres tipos diferentes de aparejo podemos encontrar en la obra de fabrica romana: el opus quadratum o grandes sillares con que estan construidos los vanos, el opus vittatum que, con diversas variantes, conforma los lienzos de las paredes en mampostería de hiladas horizontales, y el opus caementicium, con que se construyen no sólo las bóvedas citadas sino también el relleno de los lien­zos, realizado con guijarros de granito y mortero de cal y arena.

De la época romana han desaparecido, que se sepa, el remate superior que, en forma de cilindro, disponía de cúpula, sustituido por un cuerpo octogonal en el siglo XVIII, y la rampa exterior, sobre la que los autores no se ponen de acuerdo en cuanto a su forma y estructura. No obstante, tan solo Hutter defiende la existencia de una rampa volada, aunque en un principio Cornide también lo sugiere. Hauschild, quizás más acertadamente, cree en la existencia de una estructura externa maciza que no sólo encerraría la rampa en su interior sino que, incluso, aportaría soluciones defensivas en caso de necesidad. Con el tiempo esta estructura sería desmantelada y utilizada por los coruñeses como cantera. Más arriesgado resulta afirmar que por esta rampa podían subir caballerías y carros con la leña y el combustible del faro, pues no existen documentos fiables que así lo confirmen.

La primera mención escrita que se conoce acerca del monumento es de comienzos del siglo V y se halla en la obra Historiarum adversus paganum libri septem en la que el escritor eclesiástico lu­sitano Pablo Osorio, discípulo de San Agustín, hace un primer intento de una historia universal desde el punto de vista cristiano.

La cita dice asi: “Secundus angulus (Hispaniae) circium intendit, ubi Brigantia Gallaetiae civitas sita altissimum pharum et inter pauca memorandi operis ad speculam Britanniae erigit”, que podemos traducir como “El segundo ángulo de Hispania está orientado al Norte, donde la ciudad galaica de Brigantia eleva para observación (del mar) de Britania su faro altísimo y digno de mención entre muy pocas cosas”. Poco después el cosmógrafo Aethius la repite literalmente.

El magnífico aspecto exterior que hoy presenta el monumento se debe a la restauración que en mil setecientos noventa y uno promovió Carlos III y que dirigió el ingeniero Eustaquio Biannini. La reforma respetó en lo esencial el trazado antiguo. Las viejas y desgastadas paredes fueron forradas con sillares de granito de sesenta centímetros de espesor, con lo cual la pared tiene hoy un grosor de dos metros y quince centímetros. Los vanos están armoniosamente distribuidos y, en recuerdo de la roza perteneciente a la rampa primitiva que ascendía por todo el cuerpo principal, rodeándolo, dispuso un resalte en relieve que sigue más o menos el recorrido de aquélla. El remate octogonal que ocupa la parte superior de la torre también es de esta época como ya hemos comentado; él sostiene la linterna con el sistema óptico de iluminación que, a una distancia superior a los treinta kilómetros, brilla desde mil ochocientos cuarenta y siete. En conjunto presenta un hermoso diseño neoclásico que arropa el original romano.


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